Hace cosa de dos semanas, mientras volvía de cenar en casa de mi madre, e intentaba desesperadamente aparcar el coche cerca de mi casa, me di un susto de muerte. Hacía algún tiempo que me habían cambiado la medicación y por primera vez en unas semanas creí que los efectos secundarios comenzaban a aparecer. Veía puntitos de colores entre los árboles del parque! No eran sólo puntitos, eran puntitos que se alargaban y desaparecían.
Decidí aparcar rápidamente, y cruzar el parque para coger un taxi que me llevase al hospital. Yo ya me imaginaba la conversación… “Veo luces brillantes que caen del cielo, pero se que no pueden ser reales, doctor” “¿Ha consumido ud algún tipo de estupefaciente?” “¿Sí, doctor, pero son de los legales, de esos que manda la loquera aunque nadie sabe para qué son ni para qué sirven, pero me los tomo religiosamente. ¿Cree ud que eso de ver lucecillas es normal?”
En ese punto de mi diatriba mental, pase por donde había visto las luminosidades blanquecinas, y para mi mayor preocupación, ahora las veía con toda claridad. Parpadeé un par de veces, pero allí seguían. Así que me dije: “nena, disfruta del momento, esto no te pasaba desde la última vez que te comiste unas setas, y de eso hace siglos”. Vi unos pequeños espermatozoides cayendo sobre la vía principal del parque: alargándose, agitándose, y desapareciendo después.
Y entonces lo tuve claro.
“¡Joder, si es la nueva decoración navideña de invierno 2010-2011!”. Desde luego las luces que desean representar la nieve son claramente de diseño, aunque no se a quien se le habrá ocurrido, si a Gaultier (ya sabemos de sus diseños extraños, como aquellas corazas que llevaba la rubia) o si al masover del pueblo de al lado. Desde luego muy normales no son. Me costó unos días acostumbrarme a ellas, incluso se las mostré a un par de amigos, que también parpadearon atónitos, y me dijeron “¡Cae esperma del cielo!”.
Hoy me ha pasado algo similar. Estaba pasando con el perro por el parque, y nos acercábamos a la zona de decoración VIP. Y he tenido otra alucinación. Esta vez había unas luces en el suelo, y me he sentido como Dorothy, así que he espetado al chucho y le he hecho correr en aquella dirección mientras le decía: “Totó, totó nos vamos al país de Oz. La malvada Bruja del Norte nos anda buscando. Así que para volver a casa debemos seguir el…”. He tenido que parar en seco ante la grandiosa visión que he tenido. Me ha conmocionado, me ha dejado en estado de shock, casi me saca la lagrimita cuando he observado tan bella obra de arte. ¡No era un camino de baldosas amarillas! ¡Es la pista de aterrizaje del nuevo aeropuerto!
Lucecitas azules parpadean a ambos lados de la vía, puestas en el suelo, esperando a que aterrice algún avión con pasajeros despistados. O eso, o los de urbanismo se han vuelto a equivocar, como siempre.
Mientras tanto, mi gozo en un pozo. Echo de menos los arbolitos horteras, las luces que no dejan dormir y la paja en el suelo.
Por suerte para mí, si camino unos metros hacia el centro, me encuentro con los megáfonos cojononavideños con villancicos cantados por niños de voces estridentes (si eso es cantar como los ángeles, Dios, mándame al infierno). Me dan estabilidad, porque se de buena tinta que no son alucinaciones auditivas.