Bienvenidos al puerto estelar de Base Tranquilidad. Les recordamos que antes de acceder a la ciudad, deben dirigirse al punto de control de Migración Galáctica.

Cuando bajó del transbordador, Death se emocionó al ver la tierra oscura de la Luna, y la estatua de Aldrin, Amstrong y Laika bailando en torno al Apolo XI. Esperó su turno en Migración leyendo la revista Lunik. También se limpió las uñas, se tomó seis cervezas selenitas, orinó en cuatro ocasiones, y se rascó la entrepierna quince veces.

—Número 12 783. Mesa dos.

En el puesto le esperaba una atractiva funcionaria, de unos cuarenta años, con el pelo teñido en tonos Júpiter.

—Bienvenido a Base Tranquilidad —dijo ella recolocándose el escote con descaro—. Pasaporte interestelar y visado. —Él extendió los papeles mirándole los pechos—. Death Torres. Curioso nombre. ¿Nacimiento?

—Por cesárea, señora. Año seis del Accidente Meteórico, sexto día del sexto mes.

—¿Estado civil?

—Promiscuo.

—¿Motivo de la visita?

—Soy técnico de sonido especializado en ondas lunares. Vengo a trabajar en el Desperation Metal Moon.

—Creía que ese festival ya no se celebraba.

—Usted se refiere al Dark Side Fest. La gente se quejaba del frío y de la poca luz en la zona de acampada. Además, los suicidios fueron elevados.

—Vaya. ¿Este dónde es?

—En el Océano de las Tormentas, cerca de Ciudad Surveyor. Querían hacerlo en el Mar de la Serenidad, pero la organización creyó que el lugar y el estilo musical no pegaban mucho.

—¿Y cuánto tiempo se va a quedar? —preguntó ella con voz sensual.

—Dos meses. Es la primera vez que vengo y he cogido unas semanas libres para hacer turismo.

—Nada como unas vacaciones satelitales para librarse del estrés planetario. —La mujer se mordisqueó la comisura de los labios—. ¿Preferencia sexual?

—¿Disculpe? —Death la miró con extrañeza—. Sería más correcto preguntar por la orientación sexual.

—¿Se siente usted perdido en asuntos carnales, señor Torres? Tenemos unos talleres de iniciación increíbles.

—No, no. Es que no entiendo el porqué de la pregunta.

—Uy, cierto. Primera visita —dijo la funcionaria palmeándose la frente—. Verá, con el nuevo programa de Prevención de Delitos Sexuales, se asigna una pareja de cópula a nuestros visitantes para acompañarles durante su estancia. Tenemos un gran catálogo de voluntarios que le pueden ayudar.

—Es una gran idea, señora…

—Tereshkova. Maritza Tereshkova. —Miró con picardía a Death, que se preguntó si ella formaba parte del catálogo—. Aunque hay otro motivo. Una sencilla exploración corporal; por seguridad, ya sabe. Así evitamos el contrabando de drogas, explosivos y pornografía no autorizada.

—¿Me está diciendo que…?

—Asignamos un oficial de su preferencia sexual para que el proceso sea menos aséptico. Aunque si lo prefiere disponemos de los Robo-Dedo X300: son igual de cuidadosos, aunque un poco más fríos en el trato. —Al ver la cara de Death, ella le cogió la mano con complicidad—. Le aseguro que no es doloroso. Utilizamos vaselina hipoalergénica de última generación. Incluso hay quien disfruta del procedimiento.

—No, no es molestia, pero en la Tierra nadie me avisó.

—Si diéramos la información, nunca atraparíamos a los malhechores.

—Pero la gente vuelve. Alguien lo habría comentado.

—Borrado de memoria selectiva. Los papeles con el consentimiento obligatorio se firman el día de regreso.

—¿Y la gente acepta?

—Al principio no lo hacían, con aquellos cascos tan ortopédicos que teníamos. —Maritza enarcó las cejas—. Daban miedo. Pero desde hace unos años se ha convertido en un proceso divertido.

—¿Cómo es eso posible?

—Sombreros de copa.

—¿Sombreros de…? ¿Como los que hay en los museos? ¿Los de antes del Accidente? —Death no salía de su asombro—. Maritza, se está riendo de mí, ¿verdad?

—Para nada —contestó ella muy seria—. Alguien tuvo la idea de darle forma de chistera a los cascos nuevos. A la gente le parece gracioso y quieren hacerse una instantánea, así que aprovechamos y con el flash: ¡pum! —dijo dando una palmada—. Se llevan una estupenda foto-recuerdo de su estancia en la luna, y olvidan que hubo un examen corporal a su llegada.

—Deberían ascender al que tuvo la ocurrencia.

—Y lo hicieron. Así que, ¿qué me dice, señor Torres? —Le guiñó un ojo—. ¿Cuáles son sus preferencias?

Death se atusó el pelo y puso su mejor sonrisa.

—¿Le gusta mirar, Maritza?

Taller de #escritura nº34. Móntame una escena: en la Luna