Hoy, mientras curioseaba en las redes, he encontrado, por casualidad, el siguiente titular: «Un hombre despierta en Pamplona y se encuentra a otro haciéndole una felación». La noticia, extraída de noticias.lainformacion.com, y que ellos recogen de Pamplona actual, apenas ha tenido eco, al menos en Facebook (confieso que aún no he pasado por Twitter), y otros periódicos. ¿Por qué?

Aunque la agresión pueda parecer menos brutal que la del pasado jueves, o la que hoy publica El País, el tema es igual de serio. Pero aún me parece más serio que se trivialice sobre ello. Claro que no se puede esperar mucho más de una sociedad que primero pone en duda a la víctima (aunque haya pruebas), y luego juzga a los agresores.

Si en el caso de la chica del jueves, aun existiendo un vídeo, se leen comentarios con una falta de empatía propia de Patrick Bateman, y otras denuncias —parece que este año San Fermín llega plagado, otra vez, de agresiones sexuales— pasan de puntillas;  imaginad si un hombre protesta y acusa a otro de practicarle una felación no consentida. Muchos han bromeado con la noticia, haciendo de menos a la víctima, sin darse cuenta siquiera, y se escudan diciendo que si el agresor hubiese sido una mujer, no la habría denunciado. ¿En serio? ¿Aún estamos así?

No, es no, sin importar tu sexo.

Si no puedes dar tu consentimiento, es una violación.

Además de la falta de difusión de la noticia, hay algo más que me ha chocado en los comentarios.

Todo el mundo presupone que el agredido es heterosexual. ¿Y si es homosexual? Al fin y al cabo, el artículo no dice nada de su orientación o preferencias. ¿Es que al colectivo LGTB le gusta ser violado y no denuncia? ¿En serio la gente tiene dos neuronas que hacen contacto? ¿O es que detrás de esas ideas se esconde algo más profundo, como nuestra falta de educación y empatía?

La homofobia en España (¡ay, España!, tan permisiva ella) no se limita al típico botarate que habla de «maricones» con el mayor de los desprecios. Las violaciones a mujeres provocan rechazo, pero también comentarios poco afortunados o brutales porque, al parecer, nosotras tenemos interiorizado que puede llegar un cabrón y abrirnos de piernas en contra de nuestra voluntad. Y deduzco de los comentarios leídos que, al parecer también, a los hombres homosexuales les encanta que cualquier desconocido les succione el cimbel sin preguntar.

El problema es más profundo de lo que aparenta y está muy arraigado. Las siguientes afirmaciones las he oído más de una vez y, por desgracia, no solo en nuestro país:

  • Si una mujer es violada por un hombre, es terrible. Pero eso no pasa mucho. La mayoría de las denuncias son falsas, o ella se lo ha buscado, o… (añade aquí lo que quieras).
  • Si un hombre hetero es violado por un gay, hay que matar a ese «maricón asqueroso y degenerado» (palabras que he leído en uno de los comentarios).
  • Si un hombre gay viola a otro gay, es que son unos viciosos.
  • Si una mujer viola a otra mujer (aquí da igual la orientación sexual), no pasa nada. Grabamos una porno.

¿Lo veis? Nos afecta a todos, hombres y mujeres, sin importar nuestra orientación sexual. Muchos, y muchas, no denuncian por miedo; otros, por vergüenza al qué dirán.

El pensamiento heteropatriarcal sigue siendo mayoritario (y en este punto más de uno dejará de leer, porque cualquier cosa que huela a feminismo o igualdad les provoca urticaria). Eso es lo que se esconde detrás de esas chanzas y pullas que hay en los comentarios a una denuncia de violación interpuesta por un hombre.

Las feministas y el colectivo LGTB pedimos igualdad y respeto. Gritamos a los cuatro vientos que es necesario cambiar el sistema, por el bien de todos. Y eso, al contrario de lo que muchos piensan, os incluye a vosotros. Seguís oprimidos por un sistema social en el que aún es raro que denunciéis el acoso.

¿Qué tal si comenzáis a hacer lo mismo y os dejáis de gilipolleces?

¿Qué tal si denunciáis cuando se os agrade o acosa sexualmente?

¿Qué tal si dejáis de reíros de aquellos hombres que sí tienen el valor para hacerlo?

NO, ES NO.