Hace algún tiempo os hablé en este artículo sobre cómo puntuar los diálogos directos y el uso correcto de la raya. Aun así, quedaron algunos detalles sin solucionar. Dudas que surgen con la práctica y no siempre encontramos respondidas en las redes porque, oye, los correctores, tengamos poca o mucha experiencia (o sigamos en formación), también tenemos derecho a  comer. Aunque os fastidie.

Pero como soy generosa —y vosotros muy condescendientes cuando veis erratas en mis textos— hoy os traigo esos truquitos que os digievolucionarán en el Supermán de los diálogos. Por desgracia me salía un artículo bastante largo y, si somos sinceros, el tema es más árido que el desierto de Atacama. Para no saturaros he decidido dividir esta parte en dos artículos.

Ponte una mantita sobre las piernas para no coger frío —o baja ese aire acondicionado a nivel antártico (todo depende de en qué lado del mundo vivas)— que nos vamos.

Cómo puntuar diálogos: Buscando la perfección

Siento comunicarte que la perfección no existe, aunque podemos acercarnos a un ideal. Algunos de los casos que os voy a plantear pueden tener más de una solución, o depender del corrector o editor con el que trabajéis, otros tienen normas fijas y, como no, los más se infieren de las normas básicas que ya tratamos en la entrada anterior, por lo que solo hay que aplicar la lógica.

Sin más, os dejo los primeros seis casos que se me han ocurrido.

Caso  1: Omisión del verbo dicendi (de habla)

Una de las dudas que suelen surgir, aunque tengamos las normas muy claras, es cómo puntuar un inciso cuando el verbo de habla está omitido. Me refiero a los clásicos seguir, proseguir, añadir, etc. ¿El inciso comienza en mayúscula o minúscula?

Pues muy sencillo, mis corazones: como están sustituyendo al verbo dicendi, o decidimos omitirlo porque es obvio, va en minúscula.

—Me parece bien —siguió ella— siempre y cuando tus padres te den permiso. Y diles que no volveremos tarde —añadió mirándose las uñas.

En este ejemplo podríamos haber usado un «siguió diciendo ella» y cambiar «añadió» por «dijo», pero quedaría más repetitivo, aburrido y encorsetado:

—Me parece bien —siguió diciendo ella— siempre y cuando tus padres te den permiso. Y diles que no volveremos tarde —dijo mirándose las uñas.

Caso 2: Pronombres ante el verbo dicendi

Muchas veces nos encontramos con algún pronombre al principio del inciso: me, te, se, nos, os, le, les, lo, la. Su función dependerá de la frase o del pronombre empleado. O de lo buenos que fueran tus profes de lengua en el cole. O de la urticaria que te dé aprender gramática. Porque la gramática es a la lengua lo que las cucarachas y abejas son al medio ambiente: necesarias, pero dan una grima…

Perdonad, que ya me lío sola.

Como iba diciendo, de nuevo nos surge la duda, porque somos humanos, inseguros y nos gusta dudar de todo. Y la respuesta es la misma que en el punto anterior: el inciso comienza en minúscula siempre y cuando el verbo que rige sea de habla.

Bien Mal
—¿Qué tal estás? —le preguntó mientras le tomaba el pulso—. Te veo un poco pálido.. —¿Qué tal estás? —Le preguntó mientras le tomaba el pulso.— Te veo un poco pálido..
—¿Qué tal estás? —Le tomó el pulso—. Te veo un poco pálido. —¿Qué tal estás? —le tomó el pulso—. Te veo un poco pálido.

Como podéis ver en los ejemplos es cuestión de afinar con un poco de práctica.

Caso 3: Verbos de creencia, emoción y reflexión

Aunque no son verbos de habla propiamente dichos lo cierto es que nos ayudan a introducir la voz de los personajes de forma directa o indirecta (pensar, reflexionar, meditar, lamentar, suponer…). Por tanto, irán en minúscula siempre que tengan la misma intención que un verbo dicendi. En caso contrario, utilizaremos la mayúscula.

—Es que es un idiota… —se lamentó Pedro. 

Peeerooo:

—Es que es un idiota. —Lamentó haber pronunciado esas palabras casi al instante.

De nuevo la diferencia es sutil, así que practicad, practicad y practicad.

Caso 4: Verbos de acción que sustituyen a un verbo de habla

Este es un caso poco habitual, pero que podéis encontraros. Por ejemplo, los verbos «interrumpir» o «reír» no los podemos considerar verbos dicendi, al menos en su acepción más pura y común. Sin embargo, pueden actuar como tales y en ese caso introducirán el inciso en minúscula.

—¿Te has vuelto loca? —la interrumpió Alex. 

—A ti se te ha ido la olla —rió Alex. 

Si os fijáis, aunque no son verbos de habla, ambos expresan acciones que implican un verbo dicendi: el primero «interrumpe» con la voz (hablando), el segundo «dice» la frase riendo.

Caso 5: Inciso del autor que interrumpe una frase a medias con un verbo de acción

Que nuestros personajes se muevan, gesticulen, etc., mientras hablan aporta dinamismo y riqueza a los diálogos. Normalmente, tal y como ya os expliqué en la entrada anterior, este tipo de incisos se puntúan antes de la raya y el inciso comienza en mayúscula. Peeerooo (sí, otra vez, cómo nos gustan los «peros», sobre todo si le ponemos voz de abuela gruñona) en la búsqueda del realismo, la maestría y la perfección  —que te van a llevar a tener más éxito que Los del Río con Macarena— interrumpimos sin piedad a nuestros personajes a mitad de una frase. Somos así de maleducados…

Este caso es una excepción a la norma general, ya que el inciso comenzará con minúscula.

—No sé cómo —miró nervioso a su alrededor— nos han encontrado tan rápido. 

Caso 6: Uso de los puntos suspensivos

A veces no sabemos dónde colocar los puntos suspensivos, así que nos remitimos a lo que dice la norma:

[…]Se escriben siempre pegados a la palabra o el signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue; pero si lo que sigue a los puntos suspensivos es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos. […]

(Diccionario panhispánico de dudas, 2005, Real Academia Española)

Si aplicamos la lógica a lo que marca la normativa,  los puntos suspensivos se escriben siempre antes de la primera raya de inciso y dejaremos un espacio delante de esta, ya que no podemos considerar la raya como un signo de puntuación normal.

Por otro lado, la puntuación del inciso y la frase que continúe detrás dependerá de si el parlamento sigue o de si los puntos suspensivos cierran la frase:

—Deberíamos ir… —dijo ella mirando a los demás con preocupación—, pero no sé cómo reaccionará al vernos. 

—Puede que... —dijo ella—. No, lo que iba a decir es una tontería.

—Deberíamos ir... —Miró a los demás un poco preocupada, pero ellos no reaccionaron—. ¿Qué pasa si no aparecemos y hace alguna tontería?

¿Qué? ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? ¿Aún respiras? Sé que es mucha información, sobre todo si hace poco que te has lanzado a escribir diálogos. Sin embargo, con paciencia y práctica irás mejorando.

Nos quedan por ver cuatro casos y un consejo extra que te traeré en la próxima entrada. Mientras tanto, puedes plantear las dudas que te surjan en el área de comentarios. Hasta entonces, os deseo mucha creatividad y diálogos casi perfectos.


Bibliografía utilizada

RAE:

Literautas:

Wikilengua:

Blog de lengua de Alberto Bustos


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