Hace un par de entradas nos introdujimos en el maravilloso mundo de la puntuación de los diálogos y sus apasionantes dificultades. O algo así. Hoy os traigo, por fin (y tarde, como siempre) la tercera y última parte.

Por si te perdiste algo (o todo) lo explicado hasta ahora, o si necesitas repasar conceptos, te dejo aquí los enlaces a los artículos anteriores.

Vade retro: Cómo puntuar diálogos (I)

Vade retro: Cómo puntuar diálogos (II)

¿Ya os habéis puesto al día? Pues ya sabéis cómo va esto: cafecito, galletitas y mucha paciencia, que empezamos las explicaciones.

Cómo puntuar diálogos correctamente (o casi)

Ya os dije que la perfección no existe y en muchas ocasiones encontraréis distintas soluciones para un mismo caso. Recojo algunas propuestas alternativas, aunque no son las únicas.

Para no perder la continuidad con los casos expuestos la semana pasada, los he numerado secuencialmente desde donde lo dejamos.

Caso 7: Uso de los dos puntos

Todos adoramos a los personajes que hacen algo mientras hablan, aunque ese algo sea desplumar una gallina para la cena o cocinar platos veganos a ritmo de black metal. Y entre plumas, y daditos de tofu, introducimos incisos del narrador que terminan con palabras como siguió, prosiguió, añadió, dijo… Esto no deja de ser una introducción a las palabras textuales de un personaje y lo correcto es utilizar los dos puntos.

Para su colocación hay dos opciones:

Si tenemos un párrafo de narrador que introduce un diálogo (o una línea de diálogo) y la expresión termina el párrafo, pondremos dos puntos y escribiremos el diálogo normalmente.

Laura lo miró con ojos apagados y la frente arrugada. Se mordisqueó el labio inferior durante unos largos segundos, intentando comprender lo que significaba aquello, antes de quitarse el anillo y dejarlo sobre la mesa. Levantándose de la silla, con los hombros encogidos —«De tristeza. O de rabia, tal vez», pensó él—, recogió el bolso. Antes de salir, sin girarse, le dijo:

—No vuelvas a llamarme. Nunca.

En el segundo caso encontraremos esos dijo, añadió, prosiguió… dentro del inciso. Los dos puntos se colocarán justo detrás de la raya de cierre, tal y como marca la normativa (apartado 2.4.e). Por supuesto, el parlamento comienza con mayúscula:

—En serio, Will. Ese tío está loco. La última vez le dio una paliza a un poli que le dio el alto. Aléjate de él o acabarás como yo. —Se incorporó en la camilla con una mueca de dolor, y añadió—: O muerto.

Caso 8: Parlamentos de varios párrafos

Tal vez el personaje necesite argumentar algo o contar una historia durante el diálogo, por lo que su intervención se alarga más de lo habitual. ¿Cómo lo representamos?

En este caso usaremos las llamadas «comillas de seguimiento». Tranquilos, que no se van a poner en plan stalker como estos gatitos.

Estas comillas son las de cierre (») y se abren en cada párrafo de la intervención (excepto el primero, que se abre con raya). Sirven para indicar que continúa hablando el mismo personaje. Al final del parlamento, no colocaremos comillas de nuevo. Usaremos el punto y aparte, como siempre hemos hecho, y comenzaremos la intervención del siguiente personaje con una raya o, si es el final del diálogo, introduciremos el párrafo que corresponda.

—Durante años estuve convencida de que era una buena idea —contestó retorciéndose un mechón de cabello—. Luego vinieron los problemas: no podía pagar la deuda, el banco me atosigaba más de lo que podía imaginar, incluso me mandaban cartas de amenaza.

»Los años siguientes fueron un auténtico infierno. Tuve que mudarme dos veces, me despidieron del trabajo, los niños no querían salir a la calle. Mi marido sufrió tres infartos. Y todo por haber firmado aquel papelito que prometía que me iba a hacer rica.

»Así, que no. No estoy dispuesta a invertir en esta ganga. 

—Le prometo que es una inversión segura, señora —intentó convencerla el chico—, sin trampa ni cartón.

Por supuesto esta no es la única solución. También podemos escribir la intervención en bloque y abrir incisos de acción entre medias para que no se haga pesado. La elección de uno u otro modelo dependerá de lo larga que sea la intervención, de tu intención, de tu estilo, del humor con el que te levantes…:

—Durante años estuve convencida de que era una buena idea —contestó retorciéndose un mechón de cabello—. Luego vinieron los problemas: no podía pagar la deuda, el banco me atosigaba más de lo que podía imaginar, incluso me mandaban cartas de amenaza. Los años siguientes fueron un auténtico infierno. —Tomó aire y jugueteó con el anillo de su mano izquierda para disimular su crispación—. Tuve que mudarme dos veces, me despidieron del trabajo, los niños no querían salir a la calle. Mi marido sufrió tres infartos. Y todo por haber firmado aquel papelito que prometía que me iba a hacer rica. —Lo miró fijamente a los ojos y continuó con voz cansada—: Así, que no. No estoy dispuesta a invertir en esta ganga. 

—Le prometo que es una inversión segura, señora —intentó convencerla el chico—, sin trampa ni cartón. 

Caso 9: Introducir diálogo dentro del diálogo

No me miréis como si fuese un bicho raro. Seguro que conocéis a la típica vecina cotilla o tenéis al abuelo batallitas que os cuenta sus historias con diálogos directos y poniendo voces. Algo como esto: 

—¿En serio te la encontraste en el entierro?

—Ya ves, Paqui. Y además no tuvo vergüenza. La Juani me se acercó y me dijo: «Ay, Paqui, que se nos ha muerto el tío Herminio. Con lo joven que era». Como si yo no lo supiera , que estuve cuidando de él hasta el último minuto. La muy descará, seguro que vino para saber si la había dejao herencia.    

—¿Y qué hiciste tú?

—¿Yo? Pues decirla la verdad, pero susurrando, que no era momento de armar la de Dios es Cristo en la iglesia. Así que la dije —bajó un par de tonos la voz de modo casi inconsciente y apuntó a su amiga con el dedo—: «Mira, Mari, a mí no me engañas con esa cara de lastimica, que las dos sabemos que eres una mala víbora. Asín que a mí no me te acerques más, interesá, que eres una interesá». 

—Madre mía, ¿que hizo la Mari?

—Pues nada hija, qué iba a hacer. Largarse por donde había venío. 

Como veis, las comillas latinas nos vuelven a solucionar el problema.

Pero la cosa cambia si el diálogo que insertamos en el primero es largo. En este caso tendremos que buscar otro tipo de soluciones: desde utilizar otra tipología o tamaño de letra, que nos ayude a diferenciar dónde empieza y dónde acaba el diálogo secundario, hasta usar comillas de apertura y de cierre, sangrados distintos, etc. Las posibilidades son tantas como editores, escritores y correctores existen.

Caso 10: Introducir pensamientos directos

De acuerdo, aquí no estamos hablando de diálogos propiamente dichos, se trata más bien de soliloquios —en caso de que sean largos— o simplemente eso, pensamientos. Sin embargo, también usamos la raya y considero que no está de más que sepáis cómo hacerlo. Al fin y al cabo, los pensamientos no dejan de ser monólogos interiores (o incluso diálogos, que todos hemos tenido conversaciones mentales con nuestra madre).

Casi todos sabéis que los pensamientos se introducen entre comillas latinas. Lo más habitual es verlo representado de este modo:

«Otra vez llega tarde», pensó Ramón. «Al final tendré que despedirlo».

Sin embargo, para recargar menos el texto de signos podemos emplear también la raya en los incisos:

«Otra vez llega tarde —pensó Ramón—. Al final tendré que despedirlo». 

Cuando los pensamientos directos se alarguen mucho usaremos las comillas de seguir de un modo parecido al punto 8. La diferencia es que al terminar la intervención cerraremos las comillas.

Caso 11: Otros

Gracias a David Rubio por su comentario en el anterior post. En él decía lo complejo que resulta encontrar información sobre el cómo representar cierto tipo de diálogos: desde aquellos externos al personaje (la radio, la televisión…), a otros que son necesarios por el tipo de relato (como un diálogo telepático).

Son estos casos complejos y puntuales en los que podemos desarrollar nuestra faceta más original y creativa. Desde emplear la cursiva, otra fuente o tamaño de letra, mayor o menor sangrado…, hasta, por qué no, utilizar distintos colores (sobre todo en ediciones impresas).

Da igual la decisión que tomemos, pero debemos unificar los criterios y ser coherentes en todo momento para no confundir al lector: si decides usar la cursiva o un color distinto, hazlo siempre que se produzca la misma situación dentro del texto. No uses distintos recursos.

Los lectores establecemos un código con el escritor desde el primer momento (comillas para los pensamientos, tipología de letra XXX para diálogos y XXZ para conversaciones radiofónicas…). Si cambiamos ese código en cada capítulo, el lector se siente confundido y lo más probable es que deje la lectura para dedicarse a algo más sencillo como, por ejemplo, el diseño aeronáutico.

Extra

Se me olvidó deciros algo básico. Tan básico que lo di por supuesto (y ya sabemos que en esta vida no hay que dar nada por supuesto). La raya de diálogo lleva sangría.

puntuar diálogos
No, no este tipo de sangría

Tendemos a situar la raya de diálogo lo más a la izquierda posible (dentro de los márgenes establecidos), pero, al igual que la primera línea de párrafo, debe empezar siempre un poco más a la derecha. ¿Por qué? Pues porque cada una de esas rayas… ¡es un párrafo nuevo! (Basta, basta. Dejad de aplaudir, por favor, que luego me lo creo).

En los blogs rara vez respetamos la sangría de primera línea, a veces por legibilidad, otras por estética y muchas más por desconocimiento, pero en un libro (sobre todo en papel) queda feo. Mucho. Haced la prueba imprimiendo una página con sangrado de primera línea y otra sin él. Luego me contáis vuestra experiencia a nivel de legibilidad y estética.

Creo que con estos tres artículos quedan resueltas la mayoría de dudas que pueden surgir en la puntuación de los diálogos. Por supuesto, hay otras formas de representarlos (estilo inglés, con comillas inglesas; estilo libre; hay estilos mixtos, etc.), pero no deberíamos —sí, me incluyo— utilizar otro tipo de representaciones si somos incapaces de usar el más básico y propio de nuestra lengua. Si aún así os lanzáis a experimentar, recordad investigar y estudiarlos en primer lugar.

¿Os habéis encontrado con algún caso que no se me haya ocurrido?

Bibliografía/Webgrafía utilizada

RAE:

Literautas:

Wikilengua:

Aliterata, corrección de textos


Si te gusta o te ha resultado útil,  ¡comparte en las redes! 

¿Has encontrado algún error? Por favor, ponte en contacto conmigo a través del formulario.

Y recuerda que también puedes dejar tus dudas, sugerencias y opiniones en la sección de comentarios.