Buscar

Categoría

Delirios

Desayuno de cumpleaños

Agazapado en la escalera de incendios de un sucio y mal iluminado callejón, coloco el silenciador a mi arma. Faltan tres minutos para las doce de la noche y casi una hora para el cierre del local, pero si no acabo hoy con mi objetivo me quedaré sin el dinero. Sigue leyendo

Cerrado por vacaciones

«¿Cerrado por vacaciones? ¿En serio, L? Pero si acabas de empezar el blog…

»Que solo tienes nueve seguidores, y la interfaz es horrible, no es tan adaptable como debería, y la cabecera es mejorable y bla, bla, bla…». Sigue leyendo

Corre, corre…. que no perdono!

   Mi amigo siempre tiene prisa por llegar a todas partes. En ocasiones es absolutamente agobiante, con ese aire de suficiencia, de sabelotodo, de moderno. Va por delante de todo el mundo y eso me irrita considerablemente.
   Hoy me ha hecho ser un poco más consciente de mí misma. Supongo que es porque se acerca mi cumpleaños, y como siempre sucede por estas fechas, me da un no se qué, que qué se yo…. y todo se me pone del revés. Que no se ni para que me levanto, si ya rumio bastante por las noches en sueños, como para pensar conscientemente y hacer balance, no sólo de este año (que total, un año sólo son 365 días), sino de todos los anteriores.
   Y al entrar en este blog, que digo yo que será la crisis de los treintaitantos, que me ha dado por escribir algo hoy (aunque sean sandeces inconexas, pero oigan, el blog es mío y hago lo que me da la gana). Lo que decía, al entrar en este blog, mi amigo ha pasado de hacerme sentir consciente a darme una bofetada. Más de año y medio abandonadito, el pobre. Sin  una entrada, sin una triste palabra. Si apenas lo empecé, ya lo dejé. Y es que siempre he sido un poco así. No, mía no (que también). Quiero decir de inconstante.
   Mi amigo me decía que tenía que darme prisa para seguir avanzando. Pero es que una necesita ir pasito a pasito, sin agobios. Y claro, luego pasa lo que pasa, como cuando era estudiante. Tan a pasitos iba, que pensé que nunca acabaría la carrera. Pero la acabé. Después decidí liarme la toalla a la cabeza, sí, la toalla, que me marché al extranjero y por no correr, o por no ir más despacio, acabé como acabé… con unos pelos….
   Entonces decidí que había que tomar carrerilla. Y eso implicaba una carrera de fondo, esa que te exige la Señora Sociedad. Que menuda es ella. Siempre tan exigente, tan antigua, tan severa. Que si compra una casa, que si necesitas un coche, que cojas ese trabajo (que te quita la vida, pero te paga los caprichos), que si búscate un novio que se te pasa el arroz… y un montón de sandeces parecidas. Mi amigo tuvo un momento de lucidez, o de pasmo, aún no lo sé. Me dijo que tuviese cuidado, que corriese, pero con cuidado. Que el que mucho corre pronto para. Como siempre decidí ignorarlo. Y entonces, dos años más tarde sucedió. Sociedad me puso la zancadilla y casi me tira al hoyo la muy perra. Y como había predicho mi amigo, todo se quedó parado de repente.
   Tan parado se quedó que me fui al Psicoterapeuta. Mientras tanto, mi amigo se reía de mí a diario. Tras dos años más de mirarme al ombligo, cambiar de trabajo, cambiar de casa, mandar a la mierda al coche, buscarme novio nuevo,  de interminables sesiones con el Psicoterapeuta, e incluso de mudarme de país he llegado  a una simple conclusión.
   Que le den a mi amigo. Por snob. Por sabelotodo. Por listo. Porque sí. Porque no se detiene.
   Así que hoy le miro a la cara y se lo digo: “Mi querido amigo Tiempo, que te den”. Porque a pesar de todo,  soy más feliz sin correr. Porque tengo mi crisis de los treintaitantos. Porque estoy enamorada. Porque no necesito una casa en propiedad, ni una hipoteca, ni un coche para vivir. Porque me da la gana. Y a la Señora Sociedad, que se busque la vida sin mi, que yo soy muy feliz tratando con ella lo justo.Que tanto corsé y tanta etiqueta terminan por provocarme desmayos neuronales. Y claro, cuando me recupero, han pasado otros dos años. Que mi amigo Tiempo me dice que no corra en exceso, pero luego me obliga a pisar el acelerador. Esta vez me niego. Si quiere que me vuelvan a multar por exceso de velocidad, apañado va.
   Y es que pasito a pasito, voy descubriendo que también se llega a buen puerto. Y porque para morirme no tengo prisa. Así que para qué correr… aunque mi amigo no perdone…

 

Alucinaciones navideñas

Hace cosa de dos semanas, mientras volvía de cenar en casa de mi madre, e intentaba desesperadamente aparcar el coche cerca de mi casa, me di un susto de muerte. Hacía algún tiempo que me habían cambiado la medicación y por primera vez en unas semanas creí que los efectos secundarios comenzaban a aparecer. Veía puntitos de colores entre los árboles del parque! No eran sólo puntitos, eran puntitos que se alargaban y desaparecían.
Decidí aparcar rápidamente, y cruzar el parque para coger un taxi que me llevase al hospital. Yo ya me imaginaba la conversación… “Veo luces brillantes que caen del cielo, pero se que no pueden ser reales, doctor” “¿Ha consumido ud algún tipo de estupefaciente?” “¿Sí, doctor, pero son de los legales, de esos que manda la loquera aunque nadie sabe para qué son ni para qué sirven, pero me los tomo religiosamente. ¿Cree ud que eso de ver lucecillas es normal?”
En ese punto de mi diatriba mental, pase por donde había visto las luminosidades blanquecinas, y para mi mayor preocupación, ahora las veía con toda claridad. Parpadeé un par de veces, pero allí seguían. Así que me dije: “nena, disfruta del momento, esto no te pasaba desde la última vez que te comiste unas setas, y de eso hace siglos”. Vi unos pequeños espermatozoides cayendo sobre la vía principal del parque: alargándose, agitándose, y desapareciendo después.
Y entonces lo tuve claro.
“¡Joder, si es la nueva decoración navideña de invierno 2010-2011!”. Desde luego las luces que desean representar la nieve son claramente de diseño, aunque no se a quien se le habrá ocurrido, si a Gaultier (ya sabemos de sus diseños extraños, como aquellas corazas que llevaba la rubia) o si al masover del pueblo de al lado. Desde luego muy normales no son. Me costó unos días acostumbrarme a ellas, incluso se las mostré a un par de amigos, que también parpadearon atónitos, y me dijeron “¡Cae esperma del cielo!”.
Hoy me ha pasado algo similar. Estaba pasando con el perro por el parque, y nos acercábamos a la zona de decoración VIP. Y he tenido otra alucinación. Esta vez había unas luces en el suelo, y me he sentido como Dorothy, así que he espetado al chucho y le he hecho correr en aquella dirección mientras le decía: “Totó, totó nos vamos al país de Oz. La malvada Bruja del Norte nos anda buscando. Así que para volver a casa debemos seguir el…”. He tenido que parar en seco ante la grandiosa visión que he tenido. Me ha conmocionado, me ha dejado en estado de shock, casi me saca la lagrimita cuando he observado tan bella obra de arte. ¡No era un camino de baldosas amarillas! ¡Es la pista de aterrizaje del nuevo aeropuerto!
Lucecitas azules parpadean a ambos lados de la vía, puestas en el suelo, esperando a que aterrice algún avión con pasajeros despistados. O eso, o los de urbanismo se han vuelto a equivocar, como siempre.
Mientras tanto, mi gozo en un pozo. Echo de menos los arbolitos horteras, las luces que no dejan dormir y la paja en el suelo.
Por suerte para mí, si camino unos metros hacia el centro, me encuentro con los megáfonos cojononavideños con villancicos cantados por niños de voces estridentes (si eso es cantar como los ángeles, Dios, mándame al infierno). Me dan estabilidad, porque se de buena tinta que no son alucinaciones auditivas.

¿Y quién la paga?

– Eulogiaaaaaaa…. ¿que t`as enterat de lo último?
– ¿Del qué, Eustaquia, del qué?
– Pos de la estatua
– ¿Estatua, qué estatua?
– La de Fabra, hija, que no veus las noticias o que?
– Ah, sí, esa. La del eropuerto ese que van a poner en Castellón… ¿Dónde era?
– En Vilanova de L`Alcolea…
– Pero eso on es? Mira que yo creo que te equivocas, filla
– Que no, que no, que me lo ha dit la tía de mi Pepe, la señora María, que vive por allí…
– ¿Y no les molestará el ruido?
– Pues vete tú a saber. A Na María seguro que no, que anda medio sorda del oído izquierdo
– Pero entonses, de verdad van a poner una estatua.
– Si hija, y se ve que es de caché, que la hace Ripollés
– ¿Ese quien es?
– El de las flors en la barba y los melones con caras de colores, como los de la capital…
– ¿En Madrid?
– No, en Madrid no, la otra capital, la que tiene moltes, la de províncies…
– Ah, ya, el de la palmera de colores de Huerto Sogueros…. mira que es rara. Da color a la zona, pero mira que es rara… Entonces, ¿en el eropuerto van a poner una estatua de Fabra?
– Si, hija, y grande, muy grande, de 24 metros…
– ¿Y esos metros son muchos?
– Pues dice mi Pepe que sí, y si lo dice mi Pepe…
– Será bonita la estatua, ¿no? Para ser tan grande…
– Pues no se yo, que con eso de que el Fabra anda tuerto… igual le ponen los dos ojos. Seguro que se veía más guapo
– Pero oye, ¿ese no estaba en juicios por no se que dinero de la gente que se había quedado?
– Sí, sí, pero hoy a dicho que no pondrán su cara, que el Ripo sólo se ha inspirat en Fabra, por ser tan buen político
– No sé yo, no sé, Eustaquia, que ese con lo de que ve mal, seguro que ha visto mal también los dineros y seguro que algo s´amagat.
– Si no pasa res, dona. Que el Fabra le ha tocat la lotería como seis vegadas
– Sis! Mira que son… así claro que no hacía falta que agarrara res de los que pagamos…
– Ya ves, dice mi Pepe que los ha repartido entre los de su partido, que bon home que es, ¿verdad?
– Verdad, Eustaquia, verdad. Pero oye, y la estatua, ¿que es muy cara?
– Pues 300.000 del ala, que es de diseny…
– 300.000 pesetas?
– No mujer, euros, que eso de las pesetes solo nos acordamos algunos
– Esos son muchos euros… ¿Y quién la paga?
– Ains, filla no sé….

HAZ LA MALETA Y HUYE!!!!

Sí, sí. Tal y como lo leeis. Hace algún tiempo que se me pasa por la cabeza. Empezó a germinar como una extraña idea, sin saber muy bien por qué. Ya casi la había olvidado,  igual que se olvida un calcetín desparejado dentro del cajón de la ropa interior, o de como se diluye el título de una mala película en el mismo instante en que termina el metraje.Y hoy a vuelto a gritar con fuerza…
La culpa: la televisión, los periódicos, la información. En definitiva, las prometedoras medidas que ha decidido tomar ¿nuestro? gobierno. Hace tiempo que pensé que el socialismo estaba pasado de moda, que no tenía sentido en el mundo actual que vivimos.
Y oye, por una vez no me he equivocado.
Tan pasado de moda está, que hasta los mismos socialistas se han olvidado de él. Seguro que el barbudo gafotas está ya frotándose las manos pensando en las reformas que hará su próximo gobierno, mientras Sorayita, con esa cara de vieja taimada, y mal arreglada por su pareja, tiene la gran desfachatez de preguntarle a Unicejo (y cito con palabras textuales): “¿Por qué en España todo el ajuste de la crisis ha sido a costa de los trabajadores?” (Cuidado Sorayita, no sea que termines pidiendo el aumento de ayudas sociales, que eso no es en tu partido).
O yo me estoy volviendo cada día más idiota, y parece ser que es el mal generalizado de los ciudadanos de este país, o la gaviota ya no sabe si es rosa, ni la rosa sabe si es gaviota. El persistente choteo al que nos somente tanto ¿nuestro? gobierno, como su ¿oposición?, es absolutamente intolerable. Me pregunto que deben hacer en el congreso toda esta panda de patanes sin estudios cuando nadie los está grabando. Algo me dice que se ríen. Y está claro de quienes. De todos y cada uno de nosotros. De mí, de tí, de su madre (porque toda esta pandilla de usureros son capaces de vender a sus lindas mamitas para seguir conservando sus apoltronados traseros en sus asientos). Y además, ríen a carcajadas.
Me imagino ese primer café que tomarán en unas horas todos juntos. Rajoy le dará una palmadita en la espalda a Zapatero: “Venga Pepelu, que después de la alegría que me diste ayer, al desayuno invito yo!” y Zapatero responderá “Vale Marianico, pero recuerda que para la comida tenemos 426 euros de excedente”. Como no, Sorayita y Leire se pintarán las uñas mutamente mientras deciden qué Manolos llevarán a la siguiente reunión, y cómo recortar gastos en Sanidad.
Al mismo tiempo, en cualquier punto de España, un pobre desgraciado sin trabajo, sin paro, sin ayudas y en lista de espera por los Servicios Sociales (“Estamos desbordados: como ud, hay otros 4 millones de parados, caballero”), con hipoteca y una familia que mantener, mendigará en la puerta de cualquier supermercado un par de barras de pan para toda la familia. Y a lo lejos oirá risas.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑