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historias

REHAB

Apenas puedo respirar. Mis pulmones arden, al igual que el edificio, y el calor de las llamas es insoportable. Sé que no debo abrir la puerta, pero no hay otra salida. Me arrastro hasta ella, los ojos resecos envueltos en lágrimas, y estiro mis dedos hacia el pomo. El dolor sordo de su contacto sobre la piel me arranca un aullido.

Voy a morir. Sigue leyendo

Desperation Metal Moon

Bienvenidos al puerto estelar de Base Tranquilidad. Les recordamos que antes de acceder a la ciudad, deben dirigirse al punto de control de Migración Galáctica.

Cuando bajó del transbordador, Death se emocionó al ver la tierra oscura de la Luna, y la estatua de Aldrin, Amstrong y Laika bailando en torno al Apolo XI. Esperó su turno en Migración leyendo la revista Lunik. También se limpió las uñas, se tomó seis cervezas selenitas, orinó en cuatro ocasiones, y se rascó la entrepierna quince veces. Sigue leyendo

La huida

Estaban haciendo el intercambio junto al coche cuando, por el rabillo del ojo, percibió un movimiento extraño. Apenas unos segundos de reflejo en el espejo retrovisor: una mano, que portaba un sello de oro, empuñaba una pistola. Su cuerpo reaccionó por instinto, y echó a correr. Sigue leyendo

El lápiz mágico

El frío se le colaba por las rasgaduras del abrigo. Pronto nevaría, así que metió las manos en los bolsillos recosidos, en un fallido intento de entrar en calor, y apresuró el paso.
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La pérdida

 

Marcos se sentó frente al escritorio. Había sido una mañana fructífera, a pesar de la lentitud de bancos y administraciones. Observó algunas de las notas que le había dejado la recepcionista, y decidió que lo primero era archivar la documentación. Sigue leyendo

Elena

Nadie sabía por qué Elena era tan tímida. Siempre andaba cabizbaja, con la nariz apuntando a los pies, como si los tesoros más suculentos se pudiesen encontrar solo a ras de suelo. En muchas ocasiones tropezaba con la gente, aunque ellos apenas se daban cuenta de su presencia, circunstancia en la que se podía oír un “disculpe” apenas musitado en palabras arrastradas. Sigue leyendo

Narciso

      NARCISO
Narciso en la Fuente. Atribuido a Caravaggio
Galería Nacional de Arte Antiguo. Palacio Barberini

 

Narciso observó fijamente al perro. Era un callejero, todo piel y huesos, uno de tantos abandonados a su suerte por algún desalmado que creía poder comprar el cariño de sus hijos con otro ser vivo. El animal, cubierto de sarna y de moscas, estaba tumbado junto al arcén, bajo el sol de mediodía de principios de otoño. Sigue leyendo

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