Mis fracasos de 2017 (y un atisbo de esperanza)

Fracasos de 2017

Mi 2017 ha sido un timo, o casi. Reconozco que me propuse hacer mil cosas, tantas que mis metas no fueron en absoluto realistas y, al hacer el balance del año, me he dado de bruces. Ya lo dice el refrán: «El que mucho abarca, poco aprieta». Y es que la vida viene a veces con alevosía.

Al principio ni siquiera pensaba hacer balance de 2017, pero nuestra querida Maria José Moreno —más conocida en redes como simplemente_MJ   lanzó una inocente pregunta en el grupo de Facebook que administra. Nos decía que no había conseguido llegar a objetivos, y luego nos preguntó: «¿Cómo se os da a vosotras este mes de diciembre?». A lo que le respondí siendo muy sincera: «Otro mes sin cumplir objetivos. Hay ciclos vitales que son inevitables, así que, en vez de frustrarme de nuevo, he decidido aceptarlos». Y me quedé tan ancha. 

Lo curioso vino después, cuando muchas compañeras confesaron que padecían del mismo mal que nosotras: todas  (digo «todas» porque la mayoría del grupo está compuesto por mujeres) se habían marcado objetivos que cumplieron durante una temporada y fueron abandonando. La mayoría de los fracasos estaban causados por los hijos, imprevistos (económicos o familiares), agotamiento excesivo… Y nos planteamos que tal vez, solo tal vez, no habíamos sido realistas con nuestras propuestas

Mj tuvo una idea queCiclo vital tiene más chicha de la que aparentaba inicialmente. Esa idea se ha transformado en la iniciativa #escribeleesueña y consta de dos partes: la primera es marcarnos objetivos mensuales y hacerlos públicos en el grupo, de modo que adquiramos más compromiso con nosotras mismas; la segunda, si nos atrevemos, es publicar esos propósitos en nuestro blog. Además, los objetivos deben ser realistas para poder cumplirlos. Porque soñar está muy bien para motivarnos, pero luego cada una tiene su vida. Decidí unirme a la iniciativa en un primer momento. Y después me entró el canguelo y pensé que para qué iba a escribir nada en mi blog. Al fin y al cabo lo había abandonado antes de empezar, aunque ponerlo en marcha era uno de mis propósitos de 2017.

¿Por qué he decidido publicar mis objetivos?

Ese abandono de este blog antes de empezar es el que me ha llevado a sumarme a la iniciativa #escribeleesueña. No porque a ti, oh, querido/a lector/a, te importe una mierda lo que la señora L decida hacer durante este 2018. Porque, sé sincero/a, desde las entrañas, sin miedo: te importa dos pepinos. Y lo sé y lo acepto y no me molesta. Isaac Belmar ya nos contó, hace tiempo, que aceptar el efecto foco puede ser liberador.

Esta vez se trata de comprometerme conmigo misma, de ser realista, de organizarme y no buscar excusas. Ponerlo por escrito siempre ayuda, pero sé que al hacerlo público alguna de las compañeras de esta iniciativa estarán ahí cuando desfallezca. 

Además, al redactar esta entrada me he dado cuenta de cuáles fueron mis grandes fallos el año pasado, aunque se puede resumir en uno solo: no acepté la realidad que me rodeaba. 

2017 y la locura

Siempre he sido una soñadora, de esas que hacen castillitos en el aire sin apenas base y que de vez en cuando tienen suerte y lo consiguen, aunque en el 99% de los casos soy como el resto de los mortales: el castillo se viene abajo antes de comenzar y paso a otra cosa. Si he adquirido un mal hábito durante los últimos años es el de la inconstancia. Cuando era más joven (adolescencia y los no tan maravillosos veinti-) me proponía hacer algo y me organizaba para conseguirlo. Pero con la edad parece que llegaron las obligaciones, los kilos y la dejadez. Y claro, en los últimos años se me han ido acumulando mil cosas que quería hacer y nunca terminaba (y, en ocasiones, ni empezaba). 

En 2016 tuve una crisis profunda y decidí que tenía que reorganizar mi vida; y como lo decidí casi a finales de año, me puse como fecha de inicio… Adivinad. ¡Exacto! ¡El 1 de enero! ¿Y sabéis que pasó? Que comencé con todo esto: 

  1. Seguir sin fumar. Único objetivo que «casi» mantuve todo el año
  2. Hacer ejercicio ligero tres veces a la semana
  3. Escribir a diario
  4. Escribir al menos un relato al mes que fuese completamente original y, además, redactar los retos para los talleres de Literautas y Literup
  5. Escribir un artículo semanal para el blog
  6. Estudiar al menos tres horas semanales de ortografía, gramática y otros temas relacionados con el mundo de la corrección. 
  7. Estudiar y repasar al menos una hora de inglés y dos de alemán a la semana. 
  8. Hacer los cursos de la plataforma MOLPE
  9. Estar activa en redes a diario
  10. Migrar el blog de Wordpres.com a Wordpres.org (y aprender todo lo necesario para hacerlo, porque una es terrible para la informática).
  11. Leer un libro a la quincena
  12. Comenzar a trabajar como correctora poco a poco
  13. Hacer de beta lectora para algunos amigos
  14. Cumplir en el trabajo que tenía por entonces, por supuesto…
Además tenía otras pequeñas propuestas como rutinas de limpieza y chorradas varias. Seguro que ya habéis visto mi primer error: querer hacerlo todo a la vez.

Y llegó la locura

Para colmo, hubo tres experiencias vitales que no tuve en cuenta a la hora de planificar mi año:

  • En el mes de abril daría a luz a mi primer hijo y tendría que reajustar mis objetivos.
  • Mi pareja tenía mucha presión en el trabajo y cayó en una profunda depresión, con lo que eso conlleva en la convivencia diaria. Yo misma tuve que luchar contra viento y marea para no hundirme en una depresión postparto. Terminamos discutiendo hasta por el color del césped.
  • En algún momento del año tendría que volver a España después de siete años residiendo en el extranjero, los últimos cuatro en Centroamérica.

¿Cómo olvidé cosas tan importantes a la hora de planificar mi año, sobre todo teniendo en cuenta que marcarían mi ritmo vital durante todo el 2017? Porque lo obvié deliberadamente. Como muchas mujeres, creí que podía llegar a todo y no quemarme por el camino. Mi segundo gran fallo: ser una diosa multitarea.

Lo cierto es que al principio me sentía mal por no llegar a todo, luego me sentí mal por abandonar todos mis propósitos para ese año y poner mi vida en cuarentena. Porque lo que nos cuentan sobre la maternidad se multiplica por diez cuando lo vives. Por supuesto, sabes que el cambio es grande, que no vas a tener tu vida de antes. Pero nadie te prepara para que un parto que iba genial acabe con una cesárea de urgencia y tu hijo en la UCI durante una semana. Ni para el primer trimestre de maternidad, ni para los cambios que sufre tu cuerpo. Menos aún si estás a 8000 km de tu familia y no cuentas con ningún apoyo. Sentí que me ahogaba, que me esforzaba en todo y no llegaba a nada. Me sentí mala madre. Me sentí peor pareja. Me sentí una fracasada en todos los sentidos. Quise morir mil veces y mil veces tuve que levantarme. Y lo mismo le sucedía a mi compañero de vida. Así que decidimos adelantar nuestra marcha y volver a España tan pronto como pudiésemos. Allí tendríamos una buena red de apoyo.

Si a lo anterior le sumas el preparar una mudanza intercontinental con dos perros, un bebé que para el viaje tendría seis meses justos, el contratar un contenedor para trasladar los muebles (sí, salía más barato traerlo todo que dejarlo allí), llegar a España y tener que hacer todos los papeleos de alta de vehículos, hijo, mascotas, los tuyos propios, organizar la casa… ¿Sabéis qué pasó?

Yo exploté. Mi pareja explotó. Nuestra relación explotó. Y todo se fue a la mierda. Solo podía pensar en que se acabara el 2017 mientras intentaba mantenerme a flote.

Y sin embargo, sobreviví. Y me lo tomé todo con más calma. Y él también. Y comenzamos a solucionar nuestros problemas. Y empecé a disfrutar de la maternidad. Y apenas escribí. Tampoco hice deporte. Ni estudié. Ni repasé idiomas. Incluso me fumé algún cigarro tras tomarme un par de cervezas. Y me importó una mierda porque a veces el momento no lo eliges tú, el momento te lo marca la vida. 

Adiós, 2017. Hola, 2018

A pesar de la locura, de los kilos de más, de adaptarnos a que ahora somos tres y de no haber cumplido mis objetivos de 2017, la cosa no ha ido tan mal. Sobre todo porque he aprendido a que hay cosas más importantes y a qué estoy dispuesta a renunciar. Me he aplicado la teoría de los cuatro fuegos para priorizar, y mi familia es lo más importante. 

Entre las cosas buenas del año pasado está el nacimiento de mi hijo, que es un bendito, se porta de maravilla, casi nunca llora y siempre tiene una sonrisa para todo el mundo. Terminé algunos relatos y cumplí mi reto de lectura por los pelos. También conseguí algunos trabajos pagados como correctora y los clientes se quedaron satisfechos, hice de beta lectora para algunas personas con las que ahora mantengo una relación estupenda, conseguí migrar el blog sin morir en el intento, volví a casa con los míos, y mi pareja y yo seguimos luchando en el mismo bando. 

Y después de pegarte la chapa con mi año infernal (porque yo misma lo convertí en ello) ha llegado el momento de saludar a 2018 y marcarme metas realistas.  

Objetivos para 2018

  1. Disfrutar de mi familia, porque es lo que de verdad importa.
  2. Quererme más y querer más a los que me rodean, porque no solo de pan vive el ser humano. 
  3. Obligarme a sonreír todos los días, porque las lágrimas llegan solas.
  4. Aceptarme tal y como soy, con mis defectos y mis virtudes; porque si no lo hago yo, nadie lo hará.
  5. Reinventarme, porque puedo ser quien yo quiera.
  6. No agobiarme, porque no merece la pena.
  7. Vivir, porque ya llegará el día en que me muera. 

Sí, vale, vale. Estás pensando en que mis objetivos son lo más y que te los quieres agenciar para ti. Venga, te los regalo (no te acostumbres, ¿eh?), pero también estás preguntándote dónde quedan mis objetivos más mundanos. Pues ahí te van, para que veas que soy como el resto de los mortales (o casi): 

  1. Montar mi empresa de corrección, para comer a final de mes y porque disfruto corrigiendo.
  2. Publicar un artículo quincenal en el blog, para adquirir un hábito y compartir contigo lo que sé. 
  3. Escribir al menos cinco días a la semana e intentar participar, siempre que pueda, en uno de los talleres de escritura, porque me divierte, se aprende mucho y compartes ideas con gente interesante que te aporta nuevas perspectivas. 
  4. Terminar todos los relatos que comience e intentar extender el formato a más de 10 000 palabras. Así escriba uno o doscientos durante el año. Porque es importante terminar las cosas.
  5. Estudiar media hora al día, porque la formación continua es imprescindible para no morir laboralmente.
  6. Ir tres veces por semana al gimnasio, porque me relaja, es saludable y me ayuda a despejar la mente.
  7. Revisar mis propósitos todos los meses y reajustarlos según las necesidades. 
Por supuesto, tengo otros objetivos como perder algunos kilos y blablabla, pero no los voy a incluir en la lista por algo muy sencillo: no son prioritarios. 

Y así, mi pequeño saltamontes, termino esta entrada. Tal vez hayas leído hasta el final gracias a esa alma de cotilla que todos albergamos. Si sigues aquí, gracias por aguantarme. Si te has ido antes, tampoco pasa nada. Esta entrada realmente es para mí, no para ti.

Porque el compromiso es conmigo, no contigo. 


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2 Respuestas

  1. Caramba, ahora entiendo el largo silencio de tu blog, L.M. Mateo. Es una entrada muy personal, pero transmitida con toda la pasión de quien la ha vivido. Poco puedo comentarte, nada más que alegrarme por lo bueno que al final te ha dejado el 2017 y desear que esos objetivos de 2018 puedas cumplirlos. Un fuerte abrazo.

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