Redes sociales literarias: ¿Merece la pena participar?

Lápices y redes sociales

Quien me conoce bien sabe que, desde hace algún tiempo, participo en redes sociales literarias. 

El término «redes sociales» no termina de convencerme, ya que, aunque tienen mucho de social, su principal actividad es el aprendizaje. No, no hablo de plataformas como Wattpad en la que subes tus escritos y hordas de fans (o de trols, todo depende de tu calidad creativa —la literaria deja bastante que desear en general—) te dicen lo jenial que eres, lo bien que escrives y te dan follow aunque no vuelvan a leer nada tuyo (en el caso de los trols, cámbiese la terminología positiva por «malo», «horrible», «mierda», etc. Sé que tienes mucha imaginación). Si aún así te interesa saber más del funcionamiento de Wattpad y cómo sacarle provecho, porque se le puede sacar mucho jugo a pesar de todo, puedes leer esta entrada de R. R. López o realizar el curso online que él mismo ha creado en la plataforma MOLPE

Como te decía, prefiero llamarlos «talleres colaborativos online de escritura creativa». Queda largo de cojones, lo sé, así que dejémoslo en las dos primeras palabras. 

Y a mí me cambiaron la vida.

¿En qué consisten los talleres colaborativos?

Casi todas estas redes funcionan de modo parecido, como ahora luego veréis en los dos ejemplos que pongo. Los responsables del taller lanzan un reto para que escribamos un relato con un número limitado de palabras y que deberá cumplir con las premisas que nos impongan (usar la primera persona, que esté en pasado, que el protagonista sea un niño, que transcurra en la luna, que sea de género YA… Hay tantas combinaciones como ideas).

Tras el plazo de tiempo indicado en cada taller, los relatos se deben enviar para exponerse al escarnio público… digo, a la crítica del resto de participantes. Nosotros, por supuesto, también podremos criticar los textos de los demás.

Y ese es el objetivo principal de estas redes: compartir nuestros conocimientos, ver los fallos de nuestros textos y, sobre todo, aprender cómo mejorarlos. Y a encajar las críticas. No hay nada como uno de estos talleres para bajarte el ego de escritor al nivel de rata de cloaca.

Reina rata

Yo me quedé así tras las primeras críticas. Pero es que la entereza es una de mis virtudes, que lo sepas.
Photo on Foter.com

 
Para encontrar este tipo de talleres solo tienes que buscar un poco en la red. Los encontrarás de pago y gratuitos, mejores y peores, con más o menos participantes. Pero como sé que eres muy pobre y que buscas la calidad a precio de saldo, te hablaré de dos redes literarias gratuitas que merecen la pena. 

Talleres colaborativos en los que he participado

Literautas es, probablemente, uno de los blogs literarios más conocidos que hay en la actualidad. Desde 2012 ofrecen consejos de escritura, entrevistas, apps para mejorar la creatividad y planificar tu novela, libros con muchísimos ejercicios para aprender a mejorar nuestros textos…

Pero no solo se queda ahí. Literautas ofrece también un taller colaborativo gratuito de escritura creativa que se ha convertido en el producto estrella de la marca. 

¿Cómo surge la idea?

La escritora y guionista Iria López Teijeiro es la responsable de la fundación de Literautas.

En la entrevista que Ana Nieto le hizo para su blog Triunfa con tu libro,  Iria cuenta que tras un importante bloqueo creativo decidió seguir formándose como escritora. Sin embargo, la mayoría de libros publicados en aquel entonces estaban en inglés. Así que convenció a Tomeu Mascó, informático y responsable de la página, para empezar un proyecto en el que compartir sus conocimientos, crear herramientas para escritores y dar un espacio virtual a aficionados y profesionales de la literatura. 

Y fue en ese espacio donde nació el taller creativo Móntame una escena.

¿Cómo funciona el taller?

El día uno de cada mes, Iria y Tomeu te retan a escribir un relato siguiendo una pauta preestablecida (que lleve un título específico, que contenga ciertas palabras, que el protagonista sea un niño, etc.), y, además, añaden un reto extra que es opcional. Por ejemplo, en enero de este año la escena debía contener la frase «El marinero no subió al barco», y como reto opcional, no obligatorio, debía aparecer un personaje que mintiera siempre. 

Hay otra serie de pautas fijas para el taller: la extensión máxima de los relatos es de 750 palabras, no tienen por qué ser autoconclusivos y la fecha límite de envío es el 15 de cada mes mediante el formulario que habilitan. Los textos se publican uno o dos días después en un listado generado de forma aleatoria, por lo que estar entre los primeros no es sinónimo de calidad. 

En este punto empieza la parte colaborativa del taller, ya que nuestros compañeros pueden comentar los textos y desmenuzarlos para ayudar a mejorarlos. Las críticas pueden ser duras en ocasiones, pero los usuarios siempre pretenden hacerlas de forma amable y constructiva. No vale decir un «Tu historia es una mierda/fantástica». Lo correcto (y lo que todos esperan) es que los usuarios argumenten los puntos fuertes y débiles de los relatos.

En septiembre se suele publicar un libro que recopila algunos de los textos de la última edición del taller. Se puede descargar en formato digital de forma gratuita, o comprarlo en papel y colaborar así con la ONG Educación sin fronteras.

El único inconveniente de Móntame una escena es la imposibilidad de mantener el texto como no publicado (hasta 2015 se podía ocultar ya que el taller funcionaba de modo diferente), lo que implica no poder enviarlos a la mayoría de concursos. Pero es que con más de 250 historias al mes no había otro modo de mantener esta comunidad. 

 

Literup surgió con fuerza hace casi cuatro años y lo hizo para quedarse. Fundada por Meritxell Terrón y Jose Molina en 2014 bajo el nombre El libro del escritor, la página y el taller han ido evolucionando poco a poco a una red social de tipo colaborativo y gamificada (¿Gami qué? Respira, que en nada te lo explico). Y por ese mismo motivo decidieron que era hora de digievolucionar y cambiar el nombre a algo más acorde con sus nuevos tiempos. De este modo, El libro del escritor pasó a llamarse Literup en marzo de 2017. 

Desde Literup ofrecen talleres literarios presenciales para que entres en contacto directo con otros compañeros; servicios editoriales  de corrección, redacción de informes, asesoría, maquetación, etc.; y un blog con consejos de escritura, juegos para potenciar la creatividad, críticas…  

Pero no contentos con todo esto, Meritxell y Jose han dado un paso más allá y hace apenas un par de semanas presentaron en las redes su nueva marca editorial: Literup Ediciones.

¿Cómo surge la idea?

Meritxell y Jose se encontraron un día en las redes, en un grupo de escritores. Ella se fue a Sevilla y, mientras hacía un máster en Escritura Creativa y comía pescaíto frito, le comentó a Jose que estaba harta de que no hubiese ninguna aplicación para escritores a la que acceder desde el ordenador y desde el teléfono. Y el informático, ni corto ni perezoso, la creó. 

Y luego siguieron hablando y se dieron cuenta de que estaban más solos que la una en sus carreras literarias y que los talleres de creatividad y escritura salían por dos higadillos. Decidieron crear cursos, online y presenciales, accesibles para todos los bolsillos, y así nació El libro del escritor, germen de Literup, y, un poco más adelante, el taller online gratuito.

Fundadores de Literup
Meritxell Terrón y Jose Molina, fundadores de Literup

Aunque en este caso, hablar de taller online tampoco es correcto. En realidad se trata de un concurso (de ahí la palabra gamificado, ya que jugamos entre nosotros y competimos por escribir mejor que Cervantes) que tiene mucho de red social: podemos seguir a los participantes que más nos gustan (y que nos sigan), hay un muro para compartir ideas y opiniones, avatares megachulis… 

El primer concurso empezó en 2015 y se llamó Las primeras hojas. En 2016 apareció la primera edición de Inventízate, que este mes finaliza su segunda temporada. Si echáis un vistazo a la página, encontraréis otras propuestas igual de divertidas. 

Pero centrémonos en Inventízate.

¿Cómo funciona el taller?

El primer día de cada mes, desde Literup te lanzan un reto compuesto por tres condiciones. Para que te hagas una idea, en enero las condiciones fueron las siguientes: escribir tres acotaciones con verbos dicendi y tres con verbos de acción en los diálogos (enero fue el mes de practicar este aspecto), tenían que aparecer dos gatos en el tiempo presente del relato, y un personaje debía vestir de morado. ¿Complicado? Pues súmale que el texto no puede superar las 500 palabras y debe ser autoconclusivo. Con un par. 

La fecha límite para enviar el texto es el 15 de cada mes mediante el formulario habilitado. 

El que yo llamo El consejo de sabios revisa los textos para comprobar que nadie haya olvidado las tres condiciones del reto. Si falta alguna, te quitan puntos. Porque esto es un concurso, queridos. Una competición. Aquí vamos a por todas. 

Casco de rugby
Aquí uso el casco, porque es cuando te caen las collejas sin que las veas venir.

Desde ese momento, tu texto se envía a otros tres participantes que, de forma anónima, lo analizarán, le darán vueltas, lo masticarán y lo escupirán sin temor. Eso sí, todo de forma argumentada, muy educada y constructiva, que estamos aquí para aprender. Y, finalmente, lo puntuarán del 1 al 10. A ti, por supuesto, te llegarán tres textos para analizar.

Los comentarios se realizan en un formulario, que nos guía y da ideas sobre los aspectos que tener en cuenta, y se deben enviar como tarde el día 28. Si no lo haces, ese mes te eliminan de la competición. 

El 29 tienes acceso a los comentarios que te han hecho los compañeros y a las puntuaciones. Las personas que han decidido publicar sus textos los encontrarán ordenados por puntos en el apartado correspondiente. 

No es obligatorio participar todos los meses, aunque si quieres sumar puntos para ganar es recomendable, y la competición tiene lugar de marzo a febrero (en nada empieza una nueva edición). El que suma más puntos a final de temporada, gana

Por último, Meritxell y Jose me han confirmado que están realizando mejoras en el concurso y que la nueva edición nos traerá algunas sorpresas, pero esas me las guardo para mí. Si no, no habría sorpresas.

¿Merece la pena participar en este tipo de talleres?

Te he explicado el funcionamiento de estas redes sociales para que sepas si pueden interesarte. Pero tal vez no lo tengas claro aún y, como me adoras, quieras conocer mi opinión. Pues te la resumo en dos palabras: son divertidas. 

Vale, con eso no te basta. Pues aquí te dejo un listado con los pros y los contras. 

Ventajas
desventajas
  1. Estimulan la creatividad y ayudan a superar los bloqueos.
  2. Pierdes el miedo a que otros te lean.
  3. Te obligan a escribir y terminar al menos un relato al mes.
  4. Son constructivos e instructivos: aprendes cuáles son tus puntos fuertes y débiles como escritor. 
  5. También aprendes recursos de quienes saben más que tú. 
  6. Ves otras soluciones a las mismas premisas, por lo que tu mente se expande a nuevos modos de pensar, construir y escribir.
  7. A veces surgen relatos largos o novelas a partir de las premisas que nos solicitan.
  8. Conoces gente fantástica.
  9. Pueden surgir otros proyectos y oportunidades interesantes al margen del taller gracias a la comunidad de usuarios.
  10. Son divertidos y cuando dejan de serlo no tienes por qué participar. 
  11. Aprendes a encajar las críticas. 
  1. Exponer tu obra al público puede ser duro, sobre todo si no sabes encajar las críticas. Si eres muy sensible, tal vez malinterpretes las palabras de tus compañeros.
  2. Trols hay en todas partes. 
  3.  Si destacas en uno de los talleres como escritor/a, tal vez solo te lleguen halagos. Es el momento de salir ahí fuera y buscar un lector profesional que te dé un baño de realidad. 
  4. En algunos talleres los textos se publican obligatoriamente, por lo que no puedes presentarlos a concurso. 
  5. A veces las condiciones exigidas o el número de palabras nos bloquean.
 
 

En definitiva, para mí hay muchas ventajas al participar en este tipo de talleres, sobre todo si sufres un bloqueo creativo o si eres principiante y quieres una opinión sincera sobre tu forma de escribir. 

Como te he comentado al principio, a mí me cambió la vida participar en ellos. Perdí el miedo a escribir y a que me leyesen, conocí gente genial con la que publiqué un relato en una antología, y descubrí que mi verdadera vocación profesional estaba en el ámbito editorial como correctora y lectora beta. ¿Qué más puedo pedir?

¿Y tú? ¿Qué opinas de las redes sociales literarias? ¿Cuál es tu experiencia con ellas?

Si te ha gustado,  ¡comparte en las redes! 
¿Has encontrado alguna errata? ¿Tienes algo que comentarme? Por favor, ponte en contacto conmigo a través del formulario.
Y recuerda que también puedes dejar tu opinión en la sección de comentarios, o suscribirte a la lista de correo desde el menú de la derecha.

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8 Respuestas

  1. Mikal Neshamá dice:

    ¡Hola L.M. Mateo! Encantada con tu entrada. Los talleres de Literautas me animaron a escribir, claro que todavía soy aprendiz, pero allí se crece cada vez que uno aporta su escrito y lo valoran tus compañeros. Son más los sabores que lo sinsabores, pero como tu dices, los trols no se pueden evitar a veces. De allí que por un lado, aterrizamos de la nube de superescritores, ya que nos vamos puliendo, y por otro lado nos ayudan a distinguir cuando es un comentario acertado y cuando no, y lidiar con eso. Lo que no te mata te fortalece.
    Gracias a Literautas por darnos ese empujoncito. A ti, por compartir estas webs y a los compañeros, porque se lo difícil que es hacer (en mi caso) un critica a otro escritor, pero aún así lo hacen con clase y cariño.

    • L. M. Mateo dice:

      Muchas gracias por compartir tu experiencia, Mikal.
      La verdad es que estos talleres suelen animarnos a escribir y a perder el miedo, pero sí. Trols hay en todos lados. Lo importante es distinguirlos del resto.

  2. Piper Valca dice:

    Hola, nunca había comentado ninguna de tus entradas pero hoy me daré la pela.
    En el 2017 participé del Inventizate porque me pareció algo muy interesante y divertido. No obstante, tras recibir los comentarios de uno de los participantes quedé decepcionado. El sujeto en cuestión no buscaba mi crecimiento ni ayudarme. Quería desquitarse, buscaba desahogarse conmigo. Quizás no le fue bien en alguna de las pruebas pero destilaba odio en cada palabra.
    En realidad fue muy frustrante y entiendo que es muy díficil poner un filtro, por lo que decidí abandonar. Ya mucho tengo conmigo mismo para que venga otro a dejarme la autoestima por el piso 😁😁😁.
    En fin, fue una lástima aquella mala experiencia pero creo que a otros les ha ido muy bien y eso es lo importante.
    Gran entrada, chula.

    • L. M. Mateo dice:

      Pues sí, menuda mala suerte tuviste. Pero como digo en el artículo, trols hay en todas partes (e imbéciles frustrados, más).
      A mí hubo alguien que me persiguió por todo Literautas porque se había ofendido con uno de mis comentarios a pesar de justificárselo. Al parecer, la RAE y el señor Martínez de Sousa no tenían suficiente autoridad lingüística para él. XD
      En Inventízate lo único que me ha pasado es que me dijeran que mi relato era perfecto y que esa misma persona me pusiera un 6/10. Supongo que la envidia malsana le impidió ponerme mejor nota, jajaja.
      De todos modos, lo habitual no son estos casos. Suelen ser talleres donde la gente es amable y respetuosa, y de los que se puede aprender muchísimo.

  3. Caramba, ¿desaparece el taller de Literautas? Jo, es una pena, de verdad. Bueno, en cuanto a las redes sociales, ¿qué decir? Creo que es indispensable tanto participar, básico para ser visible y conocer a otros compañeros de los que aprender; como para saber abandonarlas en el momento oportuno. A veces demasiado ruido nos despista de lo importante: escribir. Y cuando se tiene poco tiempo debes jugar con él. Si te muestras demasiado, no escribes; si te recluyes, no existes.
    Creo que es una relación difícil de manejar.
    ¡Saludos!

    • L. M. Mateo dice:

      Desaparece temporalmente, David. Pero ya contará Iria el motivo en breve.
      Efectivamente, estos talleres son interesantes si sabes controlar el tiempo que les dedicas. Como tú dices, demasiado ruido puede despistar al más disciplinado.
      Abrazos.

  4. Ante todo, gracias por incluirnos en el artículo y por decir cosas tan bonitas de nosotros (sí, el pescaíto frito formaba parte de mi dieta cuando vivía en Andalucía, jajajaja). Me ha gustado que des tu opinión y pongas pros y contras para los lectores y sí, coincido contigo en ambos y en que ayuda sobre todo cuando estás comenzando o si tienes un bloqueo creativo.

    Por mi parte, espero leerte más meses 🙂

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