Las académicas de la RAE

¿Cuántos miembros masculinos de la RAE eres capaz de nombrar? Pocos, verdad. ¿Y cuántas académicas? ¿Una? ¿Dos? ¿Ninguna? Si nombras al menos tres, háztelo mirar. Eres un bicho raro. 

No tenía nada claro sobre qué escribir para este 8 de marzo. Le había dado mil vueltas a distintos temas y ninguno me convencía, hasta que pensé en que la mayoría iban a escribir sobre mujeres científicas y pintoras y literatas y representantes importantes en la lucha feminista y cómo la historia nos ha obviado. Estaba buscando el Diccionario de Sinónimos y Antónimos de María Moliner en la librería y vi uno de los libros de Ana María Matute. Y me surgió la pregunta: ¿Por qué Moliner no había pertenecido a la Academia? Y fui más allá. ¿Cuántas mujeres habían sido académicas? ¿Cómo no se me había ocurrido investigarlo antes, trabajando como trabajo con las palabras? 

Y por eso mismo decidí escribir este megapost, porque nuestras académicas no lo han tenido fácil y también merecen reconocimiento. ¿No lo crees? Aquí te dejo algunos datos: 

  • De trescientos cinco años de historia, las mujeres han formado parte de la Academia solo los últimos cuarenta.
  • De 483 académicos, solo 11 han sido mujeres. Total: 2.27%
  • En la actualidad, de 46 académicos de número, solo 8 son mujeres. Total: 17,39%

La Real Academia Española

Fundada en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, VIII marqués de Villena, y aprobada un año más tarde mediante una Cédula Real de Felipe V, la Real Academia Española surge a imitación de la Academia Francesa. Su principal función desde entonces ha sido trabajar al servicio de la lengua española, tal y como refleja su lema: «Limpia, fija y da esplendor», y que tomó forma en las primeras ediciónes de la Ortographía (1741) y la Gramática (1771).

Uno de los objetivos actuales más importantes es el de mantener la unidad de la lengua en todos los países de habla hispana. Con este objetivo, se fundó en 1951 en México la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) —aunque debido a las malas relaciones entre México y España esta última no asistió al primer congreso—. Desde 1999 las veinticuatro academias trabajan conjuntamente para llegar a consensos en la creación de la Ortografía, el Diccionario y  el Diccionario Panhispánico de Dudas. Además, han publicado también el Diccionario de Americanismos, que recoge las voces del español de América.

Funcionamiento

Aunque la Academia contó con veintiséis miembros al principio, en la actualidad son muchos más los que hacen su labor posible. Actualmente son cuarenta y seis los miembros que se sientan en una silla, llamados académicos de número

Además de estos están los llamados académicos correspondientes, que se dividen en españoles, hispanoamericanos y extranjeros. Son personas reconocidas por sus investigaciones, publicaciones y estudios relacionados con la lengua y literatura españolas. Se eligen en sesiones plenarias, con el mismo procedimiento que los académicos de número, y pueden participar en los Plenos relacionados con la lingüística. De los académicos españoles, 8 de 46 son mujeres. Si visitamos los enlaces de las academias hispanoamericanas, nos encontramos ratios similares en los que las mujeres no superan el 25%, salvo raras excepciones como Guatemala en el que son el 40%. 

Por último, están los llamados académicos honorarios. Este título, creado en el XIX, puede otorgarse a españoles y extranjeros que tengan méritos reconocidos públicamente en nuestra lengua. Las candidaturas deben ir refrendadas por cinco académicos y la elección ser unánime. Solo trece personas han conseguido este honor. Todos hombres.

¿Qué es un académico de número?

Los académicos de número son aquellos que se sientan en las famosas sillas de la RAE. En total son cuarenta y seis, entre letras mayúsculas y minúsculas, aunque hay ocho letras que no se han representado nunca: v, w, x, y, z, Ñ, W, Y.

Las candidaturas son convocadas en el BOE y deben ir refrendadas de al menos tres académicos. Los cargos son electos por unanimidad y de carácter vitalicio.

Como curiosidad: cuando un miembro muere se conserva su silla vacía como muestra de respeto y no se procede a la elección de un nuevo componente hasta seis meses más tarde.

La mujer y la RAE hasta 1978

Que las políticas de elección de académicos han sido machistas y se ha obviado a muchas de nuestras mejores escritoras no es ningún secreto. Desde 1978, y con los inicios de la democracia, la Academia comenzó a aceptar mujeres. Tal vez no al ritmo que nos gustaría, pero cada vez encontramos mayor influencia y reconocimiento a la labor de nuestras literatas y lingüistas. 

Lo cierto es que hubo una miembro honorífica en 1784: María Isidra de Guzmán y de la Cerda. También conocida como la doctora de Alcalá, fue la primera mujer en ostentar el título de Doctor y pertenecer a la Academia, entre otros muchos méritos. Sin embargo, y a pesar de ser una mujer muy inteligente y de educación esmerada, se cree (lo digan las  malas lenguas o no) que los distintos títulos le fueron otorgados por la presión ejercida por la Corona (solo contaba con 17 años), ya que no contamos con ninguna obra de ella que destaque.

Lo que sí sabemos con seguridad es que Gertrudis Gómez de Avellaneda solicitó su ingreso y fue rechazada en 1853, fecha en la que los académicos adoptaron la resolución de no admitir mujeres como académicos de número, y razón que la RAE esgrimió para rechazar la candidatura de nuestras escritoras y lingüistas hasta principios del siglo XX, en el que se admitieron postulantes femeninas, aunque estas resultarían siempre rechazadas en favor de sus competidores masculinos. Por el camino quedaron abandonadas y vetadas, a pesar de su mérito y reconocimiento nacional e internacional, Emilia Pardo Bazán, Concha Espina, Blanca de los Ríos y María Moliner

Por fin, en 1978, la Academia se abre, al igual que el país, y reconoce la labor de las mujeres. Rosa Chacel, Carmen Guirado y Carmen Conde eran las candidatas de ese año para ocupar una de las sillas.

Nuestras académicas

Las pioneras

Imagen: escritoras.com
Carmen Conde, silla K (1979)

Este año se cumplen cuarenta desde que la RAE eligiera a la primera mujer que se sentaría en una de sus sillas, aunque Carmen Conde realizaría su discurso de ingreso en 1979. 

Nacida en Cartagena en 1907, Carmen empezó a escribir desde muy joven y perteneció a las llamadas «Las Sinsombrero», nombre que se le daba a las mujeres de la generación del 27.  

Narradora, poetisa, dramaturga, ensayista y maestra se casó en 1931 con el también poeta Antonio Oliver Belmás, el mismo año en que ambos fundaron la primera Universidad Popular de Cartagena. Para ese entonces, Carmen ya se había hecho un hueco como escritora. Dos años más tarde, y también junto a su marido, fundó la revista Popular y en 1934 publicó Júbilos. Poemas de niños, rosas, animales y vientos prologado por Gabriela Mistral e ilustrado por Norah Borges.

Su relación con Oliver se enfría en 1936 coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil. El matrimonio estará separado hasta 1945 —él en Baza y luego en Murcia, ella en Madrid— y mantendrá una relación epistolar. Carmen conoció durante este periodo a Amanda Junquera, con la que mantuvo una relación hasta la muerte de esta en 1986.

En 1949 se encargará de la asesoría literaria de la editorial Alhambra y comenzará a publicar algunas de sus obras poéticas más importantes: Mujer sin Edén, Mientras los hombres mueren

Oliver moría en 1968. Diez años más tarde, Carmen se sentaba en una de las sillas de la Academia y en 1982 se le detectaría principio de alzheimer. Perdió a Amanda en 1986. Pero Conde no dejó de escribir nunca. En 1987 recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Canciones de nana y desvelo.

Murió en Madrid en 1996, no sin haber legado antes toda su obra y la de su marido a Cartagena, la ciudad que la vio nacer. 


 

Elena Quiroga, silla a (1984) 

Nacida en Santander en 1921, de familia acomodada y siendo la menor de diecisiete hermanos, Quiroga pasó la mayoría de su infancia en Orense. Recibió una educación inusual para una mujer de la época, aunque no cursó estudios universitarios, que quedó reflejada en La soledad sonora (1949), su primera obra publicada.  

Un año más tarde se casó con Dalmiro de Valgoma, historiador y futuro secretario de la Academia de la Historia, con quien se trasladó a Madrid. Allí frecuentó círculos culturales selectos, tuvo acceso a importantes sellos editoriales y entabló relación con otros autores que, como ella, renovarían la novela española. 

En 1951 recibió el Premio Nadal por Viento del norte. Su estilo y narrativa pronto fueron comparados a los de Emilia Pardo Bazán, aunque temáticamente perteneció al grupo de autoras  —como Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet o Ana María Matute— que ahondaron en la psicología femenina como testimonio de la Guerra Civil. 

Imagen: fundcastro.org

En la década de los cincuenta llegó a publicar ocho obras sin perder la calidad de su prosa, conviertiéndose en una de las autoras más prolíficas que hemos tenido en narrativa. Bajó el ritmo en la siguiente década, en la que recibió el Premio de la Crítica Catalana por su novela Tristura. Poco a poco sus publicaciones se fueron espaciando, y en 1983 fue elegida para ocupar el sillón a en la RAE, que reconocía así su notoria carrera literaria.

Por desgracia, y a pesar de sus méritos, parte de su obra está descatalogada hoy en día.

Murió en La Coruña en 1995. 


 

Ana María Matute escritora
Imagen: rafaelnarbona.es
Ana María Matute, silla K  (1998)

De familia burguesa, conservadora y religiosa, Ana María Matute (Barcelona, 1925) es, probablemente, la académica de la RAE más conocida. 

Doctora honoris causa por la Universidad de León, la de Matute fue una vida dedicada a las letras y marcada por la tristeza. Con tan solo once años se asomó al sinsentido de la Guerra Civil Española, que marcaría sus primeras obras, de género neorrealista, como Los Abel, aunque ya con diecisiete años había escrito su primera obra de teatro. De hecho, su obra Luciérnagas quedó semifinalista en el Premio Nadal de 1949, pero la censura impidió su publicación. La obra no vería la luz en su forma íntegra hasta 1993, cuarenta y cuatro años más tarde.

Se casó con Ramón Eugenio Goicoechea, con quien tuvo un hijo (al que dedicó todos sus cuentos), y del que se separó diez años después. Las leyes de la dictadura le impidieron obtener la tutela de su hijo, experiencia que también la marcó. 

En 1979 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura, en 1988 se creó el Premio Ana María Matute de Narrativa de Mujeres y en 1984 ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

A pesar de las vicisitudes y sus profundas depresiones, Ana María era una enamorada de la vida. Decía que aunque  era vieja, su corazón aún era joven. Volvió a enamorarse, esta vez de Julio Brocard, empresario, quien la acompañaría hasta 1990, año en que él murió.

En 1996 publicó Olvidado Rey Gudú y fue elegida para sentarse en la silla de la letra K de la Real Academia Española, a la que ingresaría dos años más tarde. También fue nombrada miembro honorario de la Sociedad Hispánica de América, ganó el Premio Nacional de las Letras en 2007 y, por fin, en 2010, ganaría el Premio Cervantes. 

Su obra, marcada por el pesimismo, hila fino entre fantasía y realidad. Incluso en sus obras de fantasía —como la ya citada Olvidado Rey Gudú o Aranmanoth— asistimos a la hipocresía, la crueldad, el odio, el amor y el desamor que caracterizan al ser humano desde una mirada madura pero inocente, casi infantil. 

Se marchó de este mundo en junio de 2014, dejándonos con ganas de más Ana María.

¿Quiénes son nuestras académicas en la actualidad?

Carmen Iglesias, silla E (2002)

Madrileña de nacimiento (1942), de familia liberal e ilustrada, Carmen Iglesias se licenció en Historia en la Universidad Complutense de Madrid, (se especializó en el siglo XVIII europeo) donde hoy imparte clases como catedrática. 

Fue la segunda mujer en formar parte de la Real Academia de la Historia, en la que ingresó en 1991, y la primera en ser directora de esta institución, cargo que ocupó en 2014.

Imagen: rae.es

Además de haber trabajado para la familia real como preceptora, ha sido directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, consejera del Consejo de Estado, presidenta del grupo Unidad Editorial, editora del periódico El Mundo y Cronista Oficial de la Villa de Madrid.

Elegida en el año 2000 para formar parte de la RAE, aunque no pronunció su discurso de ingreso hasta dos años más tarde, tiene a sus espaldas más de doscientas publicaciones relacionadas con sus estudios, entre las que destaca El pensamiento de Montesquieu: política y ciencia natural (1984), que recibió el Premio Montesquieu. También ha recibido, entre otros  honores, la Ordre des Palmes Académiques del Gobierno de Francia (1992), la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1995), el Premio a los Valores Humanos del Grupo Correo (1996) o el Premio FIES de Periodismo (2001).


 

Margarita Salas
De Lefty4ever - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7369816
Margarita Salas, silla i (2003)

Asturiana (1938), hija de médico, licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, Doctora en Bioquímica, discípula de Severo Ochoa y Alberto Sols, casada con el científico Eladio Viñuela y madre de una hija, Margarita Salas es el ejemplo de mujer todoterreno. 

En 1964 se marchó con Eladio a EE. UU, al Departamento Científico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, donde estuvieron tres años, tras los cuales volvieron a España. Entre sus proyectos de investigación más importantes está el relacionado con el virus bacteriano phi29, en el que trabaja desde 1967. 

Ha publicado más de trescientos cincuenta estudios a nivel internacional y posee ocho patentes. Fue directora y profesora de investigación en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en el CSIC, del que actualmente es profesora ad honorem.  Además de en la Real Academia Española, también es miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales;  de la Academia Europea de Ciencias y Artes, y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, entre otras.

Entre los muchos premios que ha recibido, destacan el Premio de Investigación Nacional Santiago Ramón y Cajal (1992), Premio Rey Jaime I (1994), Premio L’Oreal – UNESCO a Mujeres en Ciencia (1999 y 2000), o el Premio a la Excelencia Química (2014) 

Destaca la medalla Echegaray, que recibió en 2016, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Esta medalla fue creada en 1905 por Ramón y Cajal y se ha otorgado en tan solo catorce ocasiones en sus más de cien años de historia. Margarita Salas es la primera mujer en obtenerla.


 

Soledad Puértolas, silla g (2010)

Soledad nació en Zaragoza (1947) en el seno de una familia tradicional y de derechas, aunque ella pronto demostró que era un espíritu libre. 

Comenzó a estudiar Políticas en Madrid, pero  le abrieron un expediente en la universidad por pertenecer a la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), organización estudiantil de carácter antifranquista. Decidió entonces estudiar Económicas en Bilbao, pero tampoco terminó la carrera. 

Se casó con veintiún años con el arquitecto y pintor Leopoldo Pita, con el que tiene dos hijos, y pasaron una temporada en Trodheim, Noruega, experiencia que recoge en el relato La corriente del golfo . Al volver a España, Leopoldo consiguió una beca para estudiar en California.

De Diario de Madrid - Diario de Madrid - ‘Ganarás la luz’ debate sobre el papel de la mujer en la literatura, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=65891592

Fue allí donde Puértolas se licenció en Periodismo e hizo el máster en Lengua Española y Portuguesa. Entre sus profesores se encontraban Jose Luis Aranguren y Arturo Serrano-Plaja. Este último la animó a dedicarse a la escritura. En 1979, afincada ya en España, su primera novela, El bandido doblemente armado, recibiría el Premio Sésamo.

En los ochenta fue asesora del Ministerio de Cultura, y le otorgarían el Premio Planeta de 1989 por Queda la noche. Cuatro años más tarde recibió el Premio Anagrama de Ensayo por La vida oculta. A partir del año 2000 en adelante formó parte de los patronatos de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes. También ha sido galardonada con numerosos premios a su trayectoria como el Premio Glauka (2001), el Premio a las Letras Aragonesas (2003) o la Medalla de Oro de Zaragoza (2012). Actualmente colabora en diversos medios de comunicación como articulista.


 

Foto: Thais Llorca, Instituto Cervantes
Inés Fernández-Ordónez, silla P (2011)

Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, Fernández (Madrid, 1961) ejerce como catedrática en esta misma universidad. 

Fue elegida en 2008 para formar parte de la RAE, aunque no tomaría posesión de su silla hasta 2011 y desde 2015 es la segunda vocal de la Junta de Gobierno de esta institución. 

Trabaja desde 1990 en la formación del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER), que también dirige, y en el que se recopilan los distintos dialectos de España. Además de haber publicado numerosas obras críticas a textos medievales, y tener una importante bibliografía lingüística, Fernández forma parte del Consejo Asesor de varias revistas científicas.


 

Carme Riera, silla n (2013)

Es llamativo que Riera (Mallorca, 1948) no aprendiese a leer hasta los siete años —como ella cuenta en numerosas entrevistas fue el poema Sonatina, de Rubén Darío, el que le abrió la curiosidad por la lectura—, pero que con solo ocho años ya escribiese y reinventase los cuentos que le relataba su abuela Caterina.

En 1965 se trasladó a Barcelona para estudiar Filología Hispánica y se doctoró con Premio Extraordinario en la Universidad Autónoma de Barcelona. Participó en los movimientos estudiantiles antifranquistas, contra la guerra del Vietnam y feministas. Hoy es catedrática de Literatura Española y directora de la cátedra José Agustín Goytisolo en la misma universidad.

Publicó su primer libro de cuentos, Te deix, amor, la mar com a penyora, en 1975.

De Thesupermat - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30748531

Muy discreta y celosa de su vida privada,  en la pública ha cosechado numerosos premios. Su primera novela, Una primavera per a Domenico Guarini (1980) recibió el Premi Prudenci Bertrana. En 1989 sería galardonada con el Premi Ramon Llull por Joc de Miralls, y Dins el darrer blau le valdría el Premio Nacional de Narrativa (1995). En 2015 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2018 la Medalla de Oro de las Islas Baleares. 


 

De Marta Jara / eldiario.es - eldiario.es - Aurora Egido: “A la Universidad hay que librarla de los excesos burocráticos y aumentar su dotación”, CC BY-SA 3.0 es, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=60279196
Aurora Egido, silla B (2014)

Licenciada y doctora en Filología Española por la Universidad de Barcelona, Aurora Egido (Molina de Aragón, Guadalajara, 1948) es, además, catedrática emérita de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza. Sus estudios se centran en el Siglo de Oro y es una de las máximas especialistas en Baltasar Gracián y la literatura barroca española.

Desde marzo de 2017 es tesorera de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y el pasado diciembre fue elegida secretaria de la RAE, siendo la primera mujer en ocupar el cargo (el más importante tras el de director).

Entre los reconocimientos que ha obtenido destacan la Medalla de las Cortes de Aragón (2005), el Premio Nacional de Investigación Ramón Menéndez Pidal (2009) y la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha (2017).


 

Clara Janés, silla U (2016)

Hija del editor y poeta Josep Janés i Olivé, Clara nació en Barcelona en 1940. 

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y la de Navarra. Terminó sus estudios con el grado de Maître és Lettres en Literatura Comparada en la Universidad de París IV Sorbona. 

 

Imagen: rae.es

Destaca como escritora en poesía, aunque también ha publicado ensayos, biografías y novelas. Su primer poemario, Las estrellas vencidas, apareció en 1964.  Entre los premios por su obra cuenta con el Premio de Poesía Ciudad de Barcelona (1983) por Vivir y el Premio de Poesía Gil de Biedma por Los secretos del bosque.

Por otro lado, la labor de Janés como traductora de poesía de idiomas centroeuropeos y orientales ha recibido numerosos reconocimientos como el Premio de la Fundación Tutav de Turquía (1992), el Premio Nacional de Traducción (1997) y la Medalla del Mérito de primera categoría de la República Checa (2000), entre otros.


 

Imagen: rae.es
Paz Battaner, silla s (2017)

Filóloga y lexicógrafa, Battaner (Salamanca, 1938) se licenció en Filología Románica por la Universidad de Salamanca, donde fue discípula de Lázaro Carreter, Tovar y Zamora Vicente, y donde años más tarde terminaría su doctorado.  

Ejerció como catedrática de Literatura Española en la Universidad Pompeu Fabra, donde fue decana de la Facultad de Traducción e Interpretación, y síndica de Greuges.

Investigadora en proyectos I+D en la enseñanza del español y lexicografía, en su obra destacan distintos diccionarios.

En el 2006 recibió la Medalla Narcís Monturiol de la Generalidad de Cataluña. 

¿Por qué no hay más mujeres en la RAE en pleno siglo XXI?

Aunque la Academia está experimentando un cambio importante en todas sus áreas y, muy especialmente, en lo que a la incorporación de la mujer a la institución se refiere, lo cierto es que el cambio está siendo lento y gradual. Desde la Academia aseguran que los miembros son elegidos por sus méritos y no por su sexo, y si buscamos los datos de otras academias europeas nos encontramos con porcentajes femeninos similares entre sus componentes. Por ejemplo, en la Academia Francesa, de cuarenta sillas, hay seis vacantes y solo cuatro mujeres son miembros de pleno derecho. 

Tras darle muchas vueltas he llegado a dos conclusiones para encontrar una explicación lógica a estos bajos porcentajes (y no juzgar negativamente a la RAE).

En primer lugar, para acceder como miembro de número se ha de tener una trayectoria larga y sólida, por lo que es fácil comprender la ausencia de mujeres si tenemos en cuenta la historia de nuestro país. Aunque España ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años, la mayoría de postulantes superan la sesentena. Estudiaron y vivieron durante una Dictadura en la que la mujer estaba completamente sometida al sistema patriarcal y en la que la mayoría, a pesar de acceder a estudios superiores, terminaban casándose y dedicándose en exclusiva al hogar, sobre todo si tenían hijos, abandonando sus carreras profesionales. Con suerte, los más jóvenes vivieron la Transición y la liberación femenina como algo cercano, pero fue un camino largo que todavía no ha terminado. 

En segundo lugar, los cargos vitalicios alargan la sombra de una Academia que hace menos de medio siglo no admitía a las señoras en sus sillas. 

Aún así, en los últimos ocho años han sido elegidas seis mujeres y una de ellas es la actual secretaria de la RAE, por lo que se observa un cambio importante en la dinámica habitual. Solo nos queda esperar que en el futuro más mujeres aporten su visión a este organismo.

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