NaNoWriMo 2019: ¡Reto superado!

Este ha sido el primer año que participo en un NaNoWriMo . Bueno, no exactamente. Lo intenté en 2017 (algo que descubrí cuando entré en la página del evento y vi que ya tenía perfil, ejem). En aquel entonces escribí la friolera de 628 palabras. En todo el mes. O el año. Supongo que después del parto mis neuronas dejaron de hacer contacto, porque ¿a quién se le ocurre apuntarse a escribir 50 000 palabras en un mes con un bebé de siete meses, una mudanza intercontinental (sí, volví del área americana a Europa) y buscar empleo al mismo tiempo? A mí. Obviously, my dear.

Resumiendo, que en realidad es mi primer NaNoWriMo. Quería participar desde 2015, pero siempre encontraba excusas a última hora para no hacerlo, aunque tenía claro qué escribir: en 2015, relatos; en 2016, una novelette, que incluso empecé a planificar. A los relatos para concursos y antologías les tocó en 2017, y en 2018, artículos para el blog. Si os fijáis, soy toda una nanorebel. Tanto, que a parte de esas 628 palabras (supongo que fue un bache emocional que hizo que me tirara a la escritura en vez de a la ginebra, o que tener al crío enganchado a la teta todo el día me resecó las neuronas) nunca llegué ni a ponerle nombre a los proyectos.

¿Qué es el Nanowrimo?

NaNoWriMo es el acrónimo del National Novel Writing Month.

El reto: escribir una novela de 50 000 palabras en treinta días, durante el mes de noviembre. No importa la calidaddel manuscrito, sino las palabras, ya que es una forma de desbloquear nuestra creatividad y conseguir un primer borrador.

Mi NaNoWriMo 2019

Este año ha sido diferente. Decidí a finales de septiembre que me presentaría al NaNoWriMo. Vale, hasta aquí es lo mismo de todos los años anteriores. También decidí que debía planificar algo. Como siempre. Y llegó octubre y no tenía nada planificado más allá de una línea en un post-it. SimplementeMJ creó un grupo de Telegram al que nos sumamos poco a poco un buen puñado de gente para darnos ánimos durante el evento. Y vaya si ha funcionado. Si contabilizaran las palabras y los chistes de ese grupo, el 10 de noviembre todos hubiésemos terminado el reto.

Pero volvamos a lo que nos ocupa. Llegó el 30 de septiembre. Cuando me levanté faltaban solo 18 horas para que comenzase el evento, y yo estaba así:

No sé si participar en el Nanowrimo
Soy más pelirroja, estoy más gorda y tengo más tetas y menos barba. Por lo demás…
Imagen de lannyboy89 en Pixabay

No había preparado ningún borrador. No había planeado nada. Ni siquiera tenía claro quién era mi personaje. Solo sabía que tenía una ligera idea de la historia que quería escribir. El día 1 de noviembre me levanté de la cama y me puse a ello. Sin paracaídas. Sin protectores. A pelo.

Siempre digo que soy escritora de brújula y que por eso no termino proyectos. Pero en cuanto lo solté en uno de mis grupitos alguien me enlazó este artículo (no voy a decir quién, que luego nos acusáis de amiguismo y endogamia, y aquí cada una duerme en su casa). Y me di cuenta de que era cierto. Siempre que escribo relatos, lo hago sin saber dónde voy a terminar. Después releo, me dejo notas, planifico y reescribo las veces que haga falta. El proceso es lento. Pero es mi proceso. Mi primer borrador de mierda es mi escaleta. Y en eso consiste el Nanowrimo, en ser un escritor de mierda, al menos durante un mes.

Los primeros quince días

Los primeros días me resultó fácil ponerme, como a todos. Luego, la cosa se complicó y la vida se interpuso, pero si no me sentaba, me sentía fatal conmigo misma. No voy a mentir, hice trampa. Soy una Nanorebel hasta para ser Nanorebel. Hubo tres días que me fue imposible escribir, así que introduje doscientas palabras en el contador. Doscientas palabras que, lógicamente, no contabilicé al día siguiente. Una puede echarle morro, pero es honrada. Así que en vez de 1667 palabras diarias, hubo algún día que hice 1867.

En general todo fue jolgorio y cachondeo. David Orell nos sacaba la vida (creo que fue el primero en terminar el reto), también Aritz P. Berra. Los demás, éramos simples mortales en el grupo. Hubo quien se fue, quien se quedó, quien nunca dijo nada y quienes se rebelaron y crearon el Teamhumilde (con llegar a la cabra para final de mes, les bastaba. ¡Ah! Luego os cuento qué es la cabra). Pero, en general, todos intentamos cumplir de un modo u otro.

La segunda quincena

Fue horrible. Así, sin más. Hubo días que me preguntaba si lo conseguiría. Me bloqueé (cosas de no planificar ni saber dónde iría la novela). No fui la única. Aún así, persistimos. Durante esta segunda fase me di cuenta de tres cosas: la primera es que me sentía muy mal si no escribía al menos 100 palabras diarias (y hubo días en que no pude escribir muchas más). La segunda, es que empezaba a planificar, aunque fuese en mi cerebro, lo que redactaría en la siguiente sesión de escritura. La tercera, que mi historia no avanzaba… o eso creía yo.

Mi historia no avanzaba porque estaba conociendo mi mundo y mis personajes. A medida que me iba metiendo más en la novela, descubría un sinfín de matices, subtramas y personajes que estaban ahí. Así que todo ese trabajo que otros autores hacen antes de ponerse a escribir, yo lo he hecho durante el NaNoWriMo. Mi escaleta.

Tras mucho sufrir, y escribir 3500 palabras el día 30 de noviembre, lo conseguí. Había reunido 50 000 palabras. Por primera vez en mi vida, había superado mi récord de 10 000 palabras en un mes y lo había quintuplicado. Sin contar los artículos de este blog. Y la novela sigue creciendo.

Mamá, ya soy mayor. Ahora disfruto de la escritura hasta cuando no sé qué escribir. Y, a veces, me ducho.

Después del Nanowrimo
Sigo más gorda, más pelirroja y tengo más pelos en las piernas (el día tiene 24 horas, no esperarás que escriba, trabaje, publique en el blog, atienda a mi hijo y, además, vaya perfectamente depilada), pero así me siento tras superar el reto.
Imagen de Denise Husted en Pixabay

¿De qué me han servido estos treinta días?

Para comprender que cada una tiene una forma de encararse a la escritura. Que lo importante no es lo rápido que escribas, sino escribir todos los días. Incluso cinco palabras suman. Como decía una amiga: «muchos pocos hacen un mucho». Para descubrir que soy capaz de dar mucho más de lo que pensaba; que si quiero, puedo. Tengo más disciplina de lo que reconozco. Y que puedo pasar a formatos más largos (si con éxito o no, os lo diré cuando termine el borrador de mierda y decida si tiene potencial o ha sido un experimento de aprendizaje).

Pero además, he conseguido algunas cosas muy importantes para mí:

  • Crear el hábito de escritura. No consigo irme a la cama sin juntar aunque sean cien palabras. Me siento mal conmigo misma si no lo hago.
  • Cambiar de formato corto a formato largo y, con esto, dejar de autolimitarme.
  • Comenzar a planificar (aunque sea de una forma extraña) y a anotar todo lo que se me ocurre.
  • Tener el borrador de la mitad de la novela, y más de 50 000 palabras escritas.
  • No aburrirme de mi propia historia.
  • Conocer a más juntaletrillas con los que hacer piña.
  • No juzgarme cuando escribo.

También decidí, por fin, hacer la prueba de treinta días gratuitas de Scrivener. He terminado comprándolo, no digo más.

En resumen, para mí ha sido una buena experiencia, sobre todo porque me ha abierto la mente a nuevas estructuras e ideas sin autocensurarme. Escribir mierda es bueno para desarrollar la creatividad. Y, total, luego las impurezas se limpian hasta dejar nuestra prosa resplandeciente.

Peripecias del NaNoWriMo 2019

El señoro

Hubo alguien que entró e hizo esto:

Señoros colándose en el Nanowrimo
Luego, ya, si os atrevéis, me decís que no hace falta que las mujeres luchen por sus derechos y tal. Y os diré que podéis marcharos a otro blog.

Nos quedamos todas un poco flipadas. No hablemos de los compañeros masculinos a los que también ningunearon.

El poder del Teamhumilde

Un gran grupo de compañeras no consiguieron terminar el NaNoWriMo, pero estuvieron al pie del cañón todos los días sin importar si sus hijos estaban enfermos o tenían que escribir mientras quitaban piojos, discutían con el jefe o en las gradas del fútbol con los dedos congelados. Aunque solo rascasen 100 palabras ese día.

Desde aquí quiero reconocer el gran esfuerzo que hacían para rascar aunque fuera cien palabras al final del día.

El Teammadrugador

Pensaba que era la única, pero no. Más de uno nos levantábamos entre las 5 y las 6 (sí, de la mañana) para escribir, porque luego la vida se nos tragaba, sobre todo los niños. Lo único que nos retenía los dedos en el grupo de Telegram era saber que la mayoría aún soñaban calentitos.

Y la cabra

Como las recompensas pasaban de 10 000 palabras a 40 000, creamos la nuestra para el reto de 25 000 palabras. Y resultó ser una cabra. Aquí tenéis una.

Recompensa cabrera
Imagen de klimkin en Pixabay

¿Y tú, has participado alguna vez en el Nanowrimo? ¿Lo has aprovechado?

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