Lectores cero, escritores, y el amor-odio

Lectores cero

En ocasiones hago de lectora cero. Y no, no voy a decirte porqué deberías tenerlos y cómo sacarles partido —Ana González Duque ya lo hizo aquí, y Gabriella Campbell aquí—, o del porqué  deberías huir de ellos (como ya explicó en su día Isaac Belmar). Tampoco te contaré cuáles son los errores más comunes que encontramos en las lecturas beta, para eso tienes en el enlace un estupendo artículo de Guille Jican.

Hoy vengo a hablarte como lectora cero, con el corazón en la mano y algún cotilleo, y de cómo me hacen sentir las  betalecturas. Porque a veces me hacen disfrutar y otras me cago en los turrones y la maldita hora en la que me ofrecí voluntaria. 

Confieso que a veces cobro por este servicio. Y ahí la cosa cambia: es parte de mi trabajo, y mi trabajo tiene sus cosas bonitas y sus cosas feas y un montón de erratas ortográficas y un estilo terrible. Pero para eso estoy. Para subsanar estos problemas. Así que tampoco haré referencia a las lecturas profesionales, porque nada tienen que ver con las otras, las que hacemos en un arrebato de locura (o de cordura). 

Cómo llegué a ser lectora cero

Me ofrecí voluntaria. 

Lectora cero. Deliriosypalabras.com
—Entonces, ¿me vas a dejar leer tu manuscrito, o te hago otra llave? Uys, nos miran... Esto... Cri, cri, cri...

Vaaale. Que escriba tres palabras y acabe esta sección queda mal. Y da la sensación de que soy una vaga. Pero es la verdad, me ofrecí voluntaria. Alguien pidió lectores cero para su libro en una newsletter y, como me gustaba mucho el blog de la persona en cuestión, le dije que estaba dispuesta a destripar su arte. Disfruté tanto haciéndolo que decidí repetir con otras personas (lo de leer sus manuscritos, oiga). 

Pero la experiencia no siempre es tan agradable como lo fue la primera vez. No, no odio hacer de lectora cero, al contrario, lo adoro. Es más, tengo la costumbre de que si algo no me gusta, no repito. Como con las coles de Bruselas. Si me pones un plato, lo rechazaré educadamente. Si hay una guerra y nada más para comer, buscaré ratas. Haré el pino desnuda sobre una viga situada en la planta treinta y dos si hace falta. Pero no. No comeré coles de Bruselas. Y punto.

Así que repito una y otra vez como betalectora. Unas porque, como ya te he dicho, me contratan. Otras porque me apetece. Es cierto que requiere tiempo y, en ocasiones, te dan ganas de practicarte el harakiri mientras lees el manuscrito, pero por lo general suelen llegarme buenas historias. Incluso de las más mediocres aprendes a disfrutar de algún aspecto. Porque la verdadera función de los lectores cero es desmenuzar el manuscrito y encontrar los puntos fuertes y débiles, no destrozar al autor.

Y así se genera esa relación amor-odio.

La relación amor-odio

La relación entre un escritor y sus betalectores es delicada, sobre todo al principio. Cuando hay confianza cambia la cosa: puedes hacer chistes y el autor se reirá. Pero las primeras veces debes tener cuidado. Hay una cosa llamada «EGO DEL ESCRITOR»  —hay que escribirlo así, con mayúsculas— que no puedes destrozar sin más a base de chistes malos y observaciones salerosas, a menos que quieras terminar así:

Dragón se come a lector cero.
Adivina quién es quién

Todo manuscrito requiere una dedicación importante: tener la idea, dejarla madurar, planificarla con mimo y cuidado, plasmarla día tras día sobre el papel. Revisar, reescribir, volver a revisar, recortar. Adivina… Exacto, revisar otra vez, ahora frase por frase, luego letra a letra. Maquetar. Revisar la maquetación. Y, al final, tras mucho trabajo, horas robadas al sueño y a la familia (porque en la actualidad solo unos pocos privilegiados viven de la escritura), y tal vez alguna lágrima, por fin terminan la novela, el ensayo, el relato… Lo que sea. 

Cuando has currado tanto no es agradable que te digan que tu obra es una mierda, así, sin más. Lo mismo sucede cuando dices algo del tipo «Psé, no está mal». El autor se ofende porque no aprecias la belleza de sus palabras, y te odia. Y si te lo dice, tú piensas en el tiempo que has tardado en leer y criticar su libro inacabado y cómo podrías haberlo empleado en algo más provechoso para ti como… no sé… depilarte el ombligo. Y le odias. Y comienza el divorcio. Una lástima. 

Para salvar esa relación, lo más importante es saber lo que se espera de cada uno desde el principio. Y como soy muy maja (ya lo sabes), aquí te dejo algunas pautas básicas.

¿Qué se espera de un betalector?

Has decidido leer ese manuscrito de tu colega. O el de alguien a quien no conoces. Sea como sea, debes tener claro lo que un escritor espera de ti: 

  • Sinceridad. No mientas por miedo a dañarle; mentir no aporta nada y perjudica al autor y a su obra.
  • Respeto. El de escritor es un camino solitario y duro. Piensa en eso antes de lanzarte a decir la primera chorrada que se te ocurra cuando leas el texto. Ten empatía. Si crees que tus palabras podrían ofender a alguien, seguramente sean ofensivas.
  • Compromiso. Termina de leer el manuscrito y, como mínimo, responde a las preguntas que te hayan planteado. Y hazlo dentro del tiempo que hayáis acordado. Si te es imposible cumplir con tu parte (o necesitas más tiempo), házselo saber a tu juntaletras lo antes posible para que decida si puede esperar o no. 
  • Capacidad de observación. Para esto no hace falta ser crítico literario, con tener dos dedos de frente y leer con atención, basta. Te lo explico mejor: en una de las lecturas que hice los protagonistas caían a un lago helado. Inmediatamente después de sacarlos del agua se ponían a contarse la vida sentados sobre un carromato con la temperatura bajo cero. Y claro, la primera duda que me asaltó fue… ¿y la ropa mojada? Y siguieron muchas más: ¿No hay síntomas de hipotermia? Pero si ella hasta había perdido el conocimiento, casi se ahoga y, en serio, ¿no tiene síntomas de hipotermia? ¿No tirita ninguno de frío?  Ni siquiera les han dado unas mantas a los pobres, con toda esa nieve… Y no. Entre el agua y el carromato no había ninguna elipsis temporal que justificase semejante agujero en la secuencia lógica de la escena.

Otras veces os encontraréis con cambios de nombre, ojos azules que dos páginas más tarde son de otro color, cojos que corren —va por ti, querida— a la velocidad de la luz (o mancos que usan la espada con la mano inexistente y mudos que hablan), cronologías que no coinciden, que los desplazamientos sean más rápidos que en la serie de Juego de Tronos… Anota todos esos detalles y díselo al autor. 

  • Capacidad crítica. Aquí sí que necesitarás, como poco, haber leído lo suficiente en esta vida. ¿Es la historia un supercliché? ¿Te aburre la trama? ¿Por qué? ¿Los personajes te gustan o te parecen terribles? ¿Crees que está bien escrito o que se puede mejorar? Mi consejo es que no hagas lecturas cero de géneros desconocidos para ti, a menos que el autor lo solicite por algún motivo.
  • Capacidad de análisis. Esta es, probablemente, la parte más difícil. Es lo que suele distinguir la lectura de un profesional (o a quien podría profesionalizarse). Hablamos de analizar la trama, los personajes, la creación del mundo, el realismo, el ritmo, la cadencia de las frases, el punto de vista del narrador… Y hacerlo de un modo argumentado. Aquí no vale un «Tu personaje no me gusta porque es un gilipollas». El personaje puede ser interesante, literariamente hablando, y un imbécil integral al mismo tiempo. Hablamos de hacer observaciones más elaboradas, del tipo: «Tu personaje es un Gary Stue en toda regla porque (rellenar con razones), «El ritmo narrativo se hace pesado porque usas estructuras interminables/hay demasiadas descripciones/no ocurre nada/la acción está desequilibrada…» o «El narrador en tercera persona no es el más adecuado, ¿y si pruebas a relatar lo mismo en primera?». Para llegar a este punto, deberás leer y estudiar sobre narrativa, teoría de la literatura, creación de personajes, etc. 
  • Por último: no le digas cómo escribirías tú el libro. Es su obra, no la tuya. Dile cómo crees que puede mejorarlo.

¿Qué esperamos los lectores cero de ti, oh, Juntaletras?

Escribes. Quieres ser el próximo Premio Cervantes. Te lo tomas en serio y, tras mucho pensarlo, has decidido usar lectores cero para que analicen tu texto y encuentren aquellos errores que tú no ves. Perfecto, pero ten en cuenta lo siguiente cuando trates con tus betalectores, sobre todo si son voluntarios: 

  • Deja claro desde el principio lo que necesitas y ofréceles facilidades. Mándales una serie de preguntas para que sepan en qué aspectos quieres que incidan, acuerda una fecha máxima para que lean el manuscrito, ofrece distintos formatos para enviarles el texto, etc. 
  • No envíes el primer borrador. En serio. El primer borrador es una mierda. O peor. No traumatices a tus lectores cero. Ten piedad y haz una primera revisión del texto antes de hacer sufrir al resto de la humanidad. Y si no lo haces, al menos ten la decencia de no cabrearte cuando te digan que, además de impublicable, tu novela es una puta basura.
  • Revisa las faltas de ortografía y gramática con lupa. No necesitas un corrector profesional en esta fase, pero sí al corrector de Word, un diccionario y una lectura en voz alta. Que los ojos de tus lectores sangren y acaben en terapia porque tú no te has molestado en repasar las herratas hortojraphikas ni hapremder ha distinjir la «b» de la «v», no es buena idea.
    Mujer suicidio por faltas

    Tras seiscientas páginas de manuscrito, Atanasia no puede más con tus faltas.

  • Da formato básico al texto. Poca cosa, con distinguir los capítulos, dar doble carrete entre escenas y marcar bien las rayas de los diálogos bastará. Facilita la lectura y nos ayuda a percibir problemas en la estructura y el ritmo del conjunto de la obra.
  • Ten paciencia. No agobies a tus betalectores, necesitan tiempo. Coserlos a correos preguntando si ya han acabado de leer tu texto solo tendrá un efecto contraproducente. Está bien que envíes un correo más o menos a mitad del tiempo que hayáis acordado para preguntarles si tienen dudas o algún problema para acabar la lectura en plazo, pero nada más.
  • Acepta las críticas. Tú has decidido tener lectores cero, ¿no? Pues ya sabes, ponte la armadura y aprende a encajar los golpes. 
  • Agradece su tiempo. Parece una chorrada, pero se lo han robado a sus familias, a sus mascotas o a su grupo de ganchillo. Sea como sea, tus lectores cero han renunciado a algo para dedicarse a tu obra. 

¿Merece la pena meterse en este embrollo?

Hace unos meses, Simplemente_mj nos preguntó en su grupo de Facebook qué estábamos leyendo. Cuando dije que estaba haciendo de betalectora, lo primero que me preguntaron las chicas fue si era bonito. Creo que el mundo del lector cero está algo idealizado, tal vez porque hay una tendencia a creer que leemos best sellers antes de que sean publicados. 

Os voy a contar un secreto: el 90% de las veces leemos mierda. Otra cosa es el sentimiento de satisfacción al leer mierda que puede ser buena. Porque en eso consiste ser betalector, en descubrir la esencia de una historia y plantearte si, con algunos cambios, puede ser mediocre, buena o excelente. No es fácil decirle a alguien que su manuscrito apesta, y hacerlo con buenas palabras lo complica aún más. Tampoco es sencillo encontrar fallos cuando llega un texto realmente limpio, porque decir que es maravilloso no vale (¿seguro que es perfecto, que no hay mácula en todas esas páginas?). 

Y ahí reside el verdadero encanto de las lecturas cero. En separar lo malo de lo bueno, analizarlo, reflexionar sobre ello, buscar solución al problema y decírselo al escritor. En saber que estás contribuyendo un poco a mejorar su texto, a darle forma, a quitar las impurezas. Es casi como esculpir una figura, o tallar una joya. Sabes que tras las impurezas hay materia prima suficiente para que el texto brille por sí solo; y si no la tiene tampoco importa, porque esa crítica constructiva, reflexionada y argumentada, ayuda a pulir el estilo del autor. 

Cuando por fin entiendes esa función tan importante que te corresponde como lector cero dejas de luchar con los autores y conviertes el odio en amor del bueno. 

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6 Respuestas

  1. Me ha gustado mucho el artículo. Lo único que siento es haberlo encontrado tarde.
    Hace poco que he pasado el manuscrito de una novela a un par de “ceros” que he encontrado por las RRSS y los foros de Internet. Ninguno de los dos, que yo sepa, es profesional -hoy por hoy no puedo puedo permitírmelo- y además no nos conocíamos previamente. Me ha costado decidirme porque, la verdad, da mucho corte dirigirte a un desconocido para pedirle que te haga un trabajo gratis, pero la alternativa era continuar confiando en quien no se debe confiar, es decir, en parientes y allegados que, cargados de buena fe, todavía son más subjetivos que uno mismo a la hora de juzgar.
    Les he enviado, junto con la novela, el cuestionario que publicó Gabriella Campbell en su blog hace tiempo, y, ahora que he leído este artículo tuyo, me doy cuenta de que cumplo con el 99% de lo que dices ser exigible a un escritor en mi caso. Solo me ha faltado definir los plazos de entrega.
    Me consuela pensar que esta omisión juega en mi contra y no en la de los sufridos “ceros”, pero me fastidia haberlo hecho porque ya estoy “de los nervios” y no me atrevo a decirles nada por mor de no molestar.
    Prometo firmemente que si un día llego a recoger algo de mis novelas, los primeros “duros” serán invertidos en contratar vuestros servicios profesionales (lectura, ortotipografía y estilo), pero veo tan lejana la posibilidad…
    Un cordial saludo y mi agradecimiento por escribir este artículo y compartirlo con los demás.

    • L. M. Mateo dice:

      Hola, Jorge:

      Gracias por tus amables palabras.
      Siempre da miedo pedir favores, pero ya sabes lo que dice el refrán. Lo más importante es que te has atrevido a dar un paso en el que recibirás, muy probablemente, una dura lección para tu ego de escritor, pero del que también aprenderás muchísimo para esta y futuras novelas.
      Invertir en nuestros textos no siempre es fácil. Cada uno tiene una situación económica particular y puede ser un buen golpe para el bolsillo. Aun así, hay precios muy variables entre profesionales y soluciones para todos los gustos. A veces contratando a alguien que empieza como corrector consigues un presupuesto más ajustado, o puedes intercambiar servicios, darle publicidad en redes… No te rindas ni creas que corregir profesionalmente tu novela (o contratar una lectura) es imposible. Pedir presupuesto es gratis, así que no te cortes. A lo mejor te sale más barato de lo que pensabas.

      Un abrazo.

  2. Marian Ruiz dice:

    Lo más difícil de mundo: decirle a alguien que no, que aún tiene que chupar mucha rueda. Hay novelas que no se dejan pasar de la vigésima página, y he dicho mucho. El cariño que hay que poner para dar ese ‘no’ debería cotizar en bolsa.
    Excelente post, compañera.
    Un abrazo.

    • L. M. Mateo dice:

      Coincido contigo, Marian. Ese “no” duele en el alma, y creo que no se olvida ni uno solo por mucho que pase el tiempo.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Abrazos.

  3. Laila dice:

    No me ha gustado, ¡me ha encantado!
    Además, lo has publicado en un momento que me viene genial, porque mi novela pasará a los lectores cero en unos días.
    ¡Estoy preparada para lo que venga! Necesito opiniones y consejos para mejorar, porque soy consciente de que le falta mucho para estar bien.
    Un abrazo.

    • L. M. Mateo dice:

      Me alegro mucho, Laila.
      Te voy a dar un último consejo. Si encuentras un lector cero de esos con los que te sientes cómoda, se adapta a tu estilo y te comprende, cuídalo como a tus hijos. Vamos, que no lo sueltes para el futuro. 🙂
      Seguro que aprendes un montón de ellos.
      Y si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme.
      Abrazos.

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