El escritor en barbecho

Título con fondo de campo

«¿Escritores en barbecho? ¿En serio reabres el blog con algo así?», me preguntas clavando tu pupila castaña (porque sé que la mayoría tenéis los ojos marrones) en mi generoso escote.

Vamos a ver, alma de cántaro, juntaletrillas de mi corazón, superfan de mis posts sin sentido. No esperabas menos para la reapertura de mi blog, ¿no? Que llevo sin publicar dieciocho largos meses. ¡Dieciocho! ¡Si mi hijo hasta camina y habla y me hace desprecios! Así que reabro esta parte de mi vida. Con el barbecho.

Pero ¿qué es el barbecho, L?

Sí, lo sé, lo sé. Todos sabéis usar el diccionario y os dedicáis a la agricultura, pero por si alguien se ha despistado y no conoce esta técnica agrícola que data de hace… Digamos que se puso de moda en Europa durante la Edad Media, pero que ya se usaba anteriormente, aunque lo que nos interesa aquí es su significado.

Según RAE, la palabra «barbecho» viene del latín vervactum, que quiere decir algo así como «hecho para la primavera», y significa:

1. m. Tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años.
2. m. Acción de barbechar.

https://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=barbecho

Y del verbo «barbechar»:

1. tr. Arar la tierra y dejarla sin sembrar para que descanse.

https://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=barbechar

Si lo aplicamos a la escritura, llegaréis a la conclusión de que hablo del escritor que no produce durante una temporada. Y es cierto, pero hay una segunda condición: los terrenos en barbecho no solo descansan, se trabajan. Se aran para oxigenar el terreno, se abonan, se humedecen y se cuidan con el objetivo de que, al plantar las nuevas semillas, la tierra se haya recuperado lo suficiente como para ser igual o incluso más productiva. Y esto nos lleva al tipo de escritores en barbecho que existen.

Tipos de escritores en barbecho

El que confunde estar en barbecho con ser un berberecho

Aviso: El siguiente vídeo contiene imágenes y una letra que pueden resultar ofensivas, sobre todo si tienes la piel fina. Todo depende de tu sentido del humor, y el mío ya sabéis que es bastante ácido y mi lenguaje poco reverente. No digas que no te he advertido. 
Quero ser un berberecho, Los Santos.

En esta canción se describe perfectamente a lo que me refiero, aunque os lo voy a explicar de todos modos por si habéis decidido pasar de él. Este tipo de escritor cree estar en barbecho. El problema es que lo está siempre. Desde que nace hasta que muere. Dice que es escritor/a, pero:

  1. Habla sobre escribir, pero no escribe. Nunca.
  2. No lee. Bueno, sí, lo que se dice de él/ella en redes.
  3. Da consejos de escritura.
  4. No trabaja en nada relacionado con el tema. Está por encima de los demás.
  5. Realmente no quiere ser escritor/a. Es que se ha enamorado de lo que implica moverse en este mundillo y le gusta que le relacionen con gente guay. Yo lo llamo berberecho, pero muchos les ponen otros nombres como «payaso, trepa, cara, fantasma» o «joder, ¿ese/a otra vez?».

Por supuesto, ni es escritor/a ni es nada. No está en barbecho. Como mucho vegeta, pulula y se traga el oxígeno de los demás.

El escritor/a aficionado/a que termina trabajando en algo relacionado con la escritura

Hay mucha gente que escribe como forma de canalizar su creatividad. Hay quienes lo hacen con más pena que gloria y viceversa, pero sienten la necesidad de hacerlo. Por supuesto, hay un tipo de escritor/a aficionado/a que solo se dedica a escribir en sus ratos libres o en talleres, que lo hace como necesidad, pero no aspira a nada más. No hablamos de ese tipo, ya que no está en barbecho. Produce para sí mismo/a o para un grupo reducido y no le interesa ir más allá. Es como cuando hago ganchillo. Me da igual que los puntos estén bien o mal, pero me relaja y me limito a hilar un punto detrás de otro.

En este caso hablo de otro tipo de escritor/a aficionado/a, que siempre ha sabido que debía vivir de algo relacionado con la literatura y cuyo amor por los libros lo lleva a formarse, antes o después, en el sector. Han estado en barbecho durante mucho tiempo, suelen escribir cuando les apetece y un día descubren que en el proceso de escritura hay algo que les llena incluso más: corregir, maquetar, editar, ilustrar… Se dan cuenta de que, en realidad, no eran escritores. Y no les importa. Tal vez sigan haciendo sus pinitos, pero sus fuerzas se centran en otros menesteres, y eso está muy bien. En este caso, el barbecho les ha ayudado a reorientarse profesionalmente.

  1. Hablan sobre escribir, y escriben.
  2. Leen, porque es lo que de verdad les llena.
  3. Empiezan a formarse y participan en grupos, hasta que descubren su verdadera vocación.
  4. Aunque muchos siguen escribiendo, tienen claro que esa no es su labor principal.

El/La escritor/a en crisis existencial

Escritor profesional tras años sin ligar dos líneas. Imagen de Myriam Zilles en Pixabay

Es el/la escritor/a que publica. A veces, incluso, vive de la escritura y, un día, deja de escribir. Tal vez lo haga definitivamente (en ese caso no está en barbecho, ha decidido cambiar de profesión) o lo deje durante uno, diez, veinte años.

Los motivos que le llevan a dejar las letras son muy diversos, pero suele ser por cuestiones vitales (familia, hijos) o crisis de creatividad y estabilidad emocional. Normalmente empiezan a publicar jóvenes y se estancan. Suele ser algo más común en el mundo de la actuación y el musical, pero también sucede en el editorial.

  1. Escriben y publican antes de los 27 (normalmente).
  2. Se forman y relacionan con otros escritores.
  3. A veces consiguen vivir de la escritura y, aunque no lo hagan, es su principal profesión.
  4. Desaparecen del mapa de golpe; dejan de producir, muchas veces sin dar explicaciones.
  5. Reaparecen años más tarde.

No nos engañemos. En toda profesión creativa este es un ciclo normal y hay que aprender a convivir con él. Nadie ha dicho que ser artista sea fácil, y la vida se nos traga a veces. Otras, necesitamos nuevas experiencias vitales para seguir creando. Si estás en este punto, no te asustes. Estás en barbecho. Pero debes saber cómo aprovecharlo.

El/la escritor/a tardío/a

Este es, probablemente, el menos conocido de los cuatro casos. Y, sin embargo, es el más común. Es especial porque pasa en barbecho casi toda su vida. Hablamos del escritor aficionado que no sabe que es escritor profesional. O que padece de un síndrome del impostor tan galopante que no florece.

Escribe desde la infancia de forma irregular, se plantea publicar en ocasiones, pero nunca se lanza al ruedo y, si lo hace, es tan cauto que pasa desapercibido. Cada vez que redacta siente mariposas en el estómago, se eleva a los cielos, sueña y… ¡ZASCA! La realidad le da una hostia y baja de nuevo a los infiernos (porque hay muchos, el mío particular está lleno de reguetón, coches y reposiciones de Fast & the Furious). Llega un día —generalmente tras una crisis posdivorcio, cumplidos los cuarenta o cuando les abducen los extraterrestres— en que se despierta y grita «Estoy hasta la mismísima pepitilla» (si tiene usted otra cosa entre las piernas, sustituya la última palabra por lo que más guste). Y se pone a escribir. Y no para. O sí, pero solo para respirar un poco antes de volver a coger carrerilla. Suelen publicar pasados los treinta y muchos, o a los cuarenta y muchos. Algunos incluso después de jubilarse. Se caracterizan por:

  1. Haber dedicado su vida a otros, dejando su verdadero yo aparcado en un rincón.
  2. Se han formado toda su vida, a veces sin saberlo, participando en talleres y acudiendo a eventos, subrayando libros (¡Por qué!)…
  3. Escriben de forma irregular, según se lo permitan sus ciclos vitales.
  4. Tienen una pluma afilada, son buenos lectores y tienen una sensibilidad y una inseguridad que les lleva a esconderse tras otros.
  5. Necesitan un buen empujón (de alguien, de la vida o de la muerte) para que se abran al mundo editorial.

El problema es que no se ha identificado a sí mismo/a como escritor/a hasta mucho tiempo después. Sin embargo, si ya te has identificado, es probable que aún te cueste escribir. Estás germinando, pero te podas porque no tienes las cosas claras, o las tienes pero te acojona.

Si perteneces a los dos últimos tipos… ¡ENHORABUENA! Lo tuyo tiene solución.

Cómo aprovechar el barbecho

Que te hayas estancado, bloqueado, la vida te esté vapuleando y cada vez que levantas la cabeza alguien te dé con una piedra; que estés en plena crisis y mires hacia atrás y odies tu existencia y al mirar al futuro te visualices llevando otra vida, es maravilloso. Porque si eres consciente de ello, puedes enfocarte en ese futuro.

Calavera en campo o escritor en barbecho
No, no me refería a verte de este modo. Si te ves así, acude al psicólogo inmediatamente (y si ves así a los demás, acude más rápido aún). Imagen de Rudy and Peter Skitterians en Pixabay

Lo importante, si te sientes incapaz de escribir o publicar, es que aproveches estas temporadas para nutrirte, oxigenarte, que te trabajes de otro modo, igual que se hace con la parcela de tierra en barbecho. A veces necesitamos recuperarnos, desconectar, descansar un poco, pero no olvides tu objetivo a largo plazo. Si eres escritor/a tardío/a, seguramente hayas llevado a cabo muchas de estas acciones sin darte cuenta. Pero ya has decidido lanzarte al ruedo. El problema es que tus ideas no fluyen como a ti te gustaría. A lo mejor cojeas en algún aspecto. Date unos meses más, apunta una fecha en el calendario para empezar a crear rutinas y, mientras tanto, apúntate los siguientes consejos para escritores en crisis.

LEE: Es la parte más importante de todas. Hazlo por placer, sal de los géneros en los que te has acomodado y explora otros con los que jamás te arriesgarías. Lee de todo, pero a tu ritmo, sin presiones, saboreando cada momento. Cambia de formatos y lee novelas gráficas, escucha audiolibros, ve al teatro, ponte series. Son formas alternativas de lectura que estimularán tu imaginación. Y lee malos libros también. Te ayudarán a ganar autoconfianza y aprenderás qué NO hacer.

ANALIZA: Aunque lo principal es volver a encontrar el placer en las letras, estás en barbecho, no de vacaciones. Una vez pasada la primera temporada de bloqueo, analiza lo que lees, lo que escuchas, lo que ves. ¿Qué te ha gustado o has odiado de ese libro/serie/película? ¿Por qué? ¿Cuál ha sido el mecanismo para hacerte sentir mejor o peor, para que empatizaras u odiaras a un personaje? ¿O qué te ha llevado a pensar que has invertido un mínimo de dos horas de tu vida en una mierda?

ESTUDIA: Sigue formándote. Lee libros sobre estilo, ortografía, gramática, técnicas narrativas, etc. Apúntate a un taller presencial u online. También puedes aprovechar para profundizar en el uso de redes, por ejemplo. No vale que me digas que eres pobre. Si tienes pocos recursos, te dejo este artículo que saqué hace algún tiempo con recursos gratuitos (o muy baratos) para mejorar tu ortografía y tu gramática, y otro de Simplemente MJ con maneras de mejorar tu escritura sin gastarte un duro.

OBSERVA: Alucinaríais con la de ideas que surgen de esta manera tan simple. No hace falta que pases horas pensando en qué te gustaría hacer. Sal a la calle y haz de cotilla. Siéntate en un parque e intenta captar conversaciones, fíjate en esa pareja que baja del coche discutiendo, analiza el cubo de la basura cuando la bajas, observa cómo se pone el sol… Tenemos tantos estímulos a lo largo del día que al final pasamos por todo sin pensar, sin absorber nuestro entorno. Párate, bájate del tren y sé un poco voyeur. (Sin pasarte, ¿eh? Que luego me llamarán a juicio y me acusarán de incitación a vaya usted a saber de qué).

BUSCA OTRAS AFICIONES: Sin darnos cuenta, unas actividades pueden estimular otras. A mí se me da fatal cantar o dibujar, pero rellenar mandalas me relaja cuando estoy en una temporada de bloqueo. O incluso colorear los libros de mi hijo (sí, tiene dos años, ¿y qué?). Cuando llevo un rato entro en una especie de trance que me ayuda a generar nuevas ideas y desbloquearme. Y no solo antes de la escritura, también cuando debo tomar una decisión importante. A lo mejor tú prefieres hacer ganchillo, maquetas de avión, collages… Prueba cosas nuevas. Y de paso, sal y haz deporte. Oxigena el cerebro, cambia tu estado de humor y puedes observar al mismo tiempo y…

CONOCE GENTE: Que sí, que yo también soy introvertida, que sufro de ansiedad social y cuando llevo X horas necesito aislarme. Pero los beneficios de socializar son bien conocidos (excepto si te encuentras a mi vecino del quinto. En ese caso, huye). Nos hace sentir menos solos, nos ayuda a abrir nuestra mente, conocemos otros puntos de vista, intercambiamos ideas que ayudan a generar otras nuevas… Así que ve a presentaciones, talleres o pasea al perro. Incluso puedes tener el contacto online, aunque tendemos a divagar menos (excepto si te llamas L. M. Mateo, entonces divagas hasta en la ducha) y, por tanto, los disparadores creativos se reducen.

Yo no tengo gato, pero sé que te flipan. Y que divagan en la ducha. Como yo. Imagen de anlyu0 en Pixabay

¿Cómo volver del barbecho?

Cuando empecé a estructurar este artículo sobre el papel, me encontré con que Ana González Duque hablaba en su podcast de este mismo tema. Sin embargo, ella se concentró sobre todo en esta última parte. ¿Cómo volver a escribir después de un bloqueo? Pero yo añadiría también: ¿cómo empezar a escribir si eres una flor tardía? Os recomiendo que lo escuchéis antes de terminar esta entrada, ya que recoge los siguientes tres puntos, que para mí están siendo básicos para retomar la escritura y el blog, y plantea otras cuestiones que me parecen básicas a nivel vital:

SACAR TIEMPO Y CREAR RUTINAS: Sé que es difícil. No intentes sacar demasiado tiempo al principio y reajusta los espacios. Tendrás que hacer pruebas en distintos horarios, y tal vez no consigas que tu momento más productivo del día coincida con el de sentarse a escribir. Si además tienes familia, la cosa se complica, pero no es imposible. Y como muestra, en su blog, Gabriella Campbell pregunta a un buen puñado de escritores si es posible escribir con niños.

SIN PRESIÓN: Como dice Ana en el podcast, sé realista. No te presiones más allá de lo que realmente puedes. En mi caso empecé con apenas cien palabras diarias de escritura mecánica. De ahí han salido tres relatos y, tal vez, el germen de una novela, en dos meses. Por supuesto, ahora escribo más de cien palabras. Y necesito menos tiempo.

MODIFICACIÓN DE PENSAMIENTO: Esta es una de las propuestas que más me gustan del podcast. Y lo digo porque lo he probado en mis carnes durante un buen tiempo. Todas las mañanas escribía alguna frase que me motivase. Si el día se torcía, me miraba al espejo, respiraba hondo y me preguntaba si el tema era tan grave como para dejar de hacer lo que mi cerebro lleva años pidiéndome a gritos. Antes, cualquier contratiempo me servía de excusa para tirar la toalla. Pero decidí darle la vuelta a la tortilla. Y, aunque he tenido momentos duros y me esperan unos cuantos más —acabo de separarme y tengo un peque, he terminado un contrato y tengo que volver a buscar trabajo nutricional, y todo eso implica tener que hacer reajustes importantes en mi vida e improvisar sobre la marcha—, tengo mis objetivos más claros que nunca. Y para eso, es necesario pensar en positivo.

Así que, si estás en barbecho, espabila y aprovecha para oxigenarte y abonarte. Tu yo del futuro te lo agradecerá siempre.


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